Sonrisas de Bombay

lunes, 30 de mayo de 2011

ENTREVISTA: STÉPHANE HESSEL

"La indignación debe ir seguida de compromiso"

JESÚS RUIZ MANTILLA 29/05/2011
elpais.com

Con 93 años, este diplomático francés, escritor y activista del progreso, ha inspirado a los jóvenes europeos, y con mucha fuerza a los españoles, bajo el lema de su libro: '¡Indignaos!'.
Sobre la mesa de su salón parisiense, Stéphane Hessel guarda un ejemplar de EL PAÍS en el que aparece una foto con jóvenes españoles indignados. Pertenece a los primeros días de la convocatoria de una ola de manifestaciones bajo el título de su libro, que va camino de vender 400.000 ejemplares en España y que ha alcanzado los dos millones en Francia.

Este chaval de 93 años apareció en el momento justo, con la palabra justa. Su único mérito ha sido recapitular. Colocar en alza valores que hoy están amenazados y que han costado años y décadas de lucha y sacrificio. Libertad, igualdad, justicia, legalidad, compromiso, derechos humanos. Palabras labradas a base de sangre y fuego, en su caso no con demagogia barata. Porque Hessel tiene sus razones para indignarse cuando vislumbra la amenaza de verlas desaparecer. No es un charlatán, ni un panfletario, aunque reivindique el género en el que Marx y Engels redactaron el Manifiesto comunista -él no comulga con ello- o Zola lanzara su Yo acuso sobre el caso Dreyfus.
Nacido en Berlín en 1917, se convirtió en francés después de que sus padres huyeran de la amenaza nazi y se instalaran en París. Se enroló en la Resistencia, fue condenado a muerte y torturado por la Gestapo, pasó temporadas en varios campos de concentración y fue testigo de excepción en la histórica redacción de la Declaración de Derechos Humanos. Una vida y una altura moral más que suficientes para sacudir conciencias a nivel global. Un héroe civil, un agitador pacífico y con las ideas claras.
Miles de personas manifestándose en España al grito de "¡Indignaos!". Estará satisfecho. Su mensaje ha calado. Ya lo he visto. Me alegro. Cuando empezamos con la idea de este pequeño libro teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto.
Y le dio por escribir este discurso y convertirlo en libro. No es un trabajo literario, en absoluto. Queríamos lanzar algo corto y estimulante. Puede que hasta tenga faltas de sintaxis. La editora se sentó justo donde está usted ahora, yo empecé a hablar, lo redactó, me lo dio, lo corregimos y lo lanzamos.
Como una entrevista. Una pena para mí, podía haberme tocado, ya que estamos. Exactamente, así ocurrió. Lo digo porque surgió de manera natural, como una conversación. Y una vez en la calle corrió como la pólvora.
Es que hay mucha gente esperando un discurso que aglutine ciertos sentimientos. La palabra justa, la expresión que todos tienen en la cabeza. Esa indignación. Lo he podido comprobar, efectivamente. Pero el libro está basado en dos textos: el programa de la Resistencia, no muy bueno, pero escrito en el momento y en el lugar justos; cuando los franceses se sentían acorralados por un enemigo como los nazis. El otro es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
De la que usted fue testigo de excepción. Estuve allí cuando se redactó. Yo era demasiado joven para formar parte de ese grupo de 12 sabios, pero fui asistente. Les ayudé a organizar las reuniones, a redactar las actas. Los que estaban allí eran figuras de primer nivel en la esfera de la política y el derecho como la viuda del presidente Roosevelt, Eleanor. Se encontraban en Nueva York y en Ginebra y yo me encargaba de prepararles los papeles y asegurarme de que hacían el trabajo.
¿Vigilándoles? Como secretario. Yo era un joven diplomático, carecía de autoridad, pero me sobraba curiosidad. Tenía motivaciones muy profundas para que el trabajo saliera de la mejor manera. El hecho de haber acabado la guerra en tres campos de concentración era suficiente impulso para mí.
Estuvo usted en Buchenwald. Allí conocí a Jorge Semprún. Un gran amigo; guardo una anécdota de él importante. Cuando llegó al campo y le preguntaron a qué se dedicaba respondió: estudiante. "Si pongo eso", dijo el que tomaba el registro, "le matarán inmediatamente, voy a dejar las primeras letras y lo voy a transformar en estucador. Así, por lo menos, le asignarán trabajos manuales". Era lo único que buscaban. Pero volvamos a ¡Indignaos!
Me gustaría que contara el significado que para usted lleva ese término. Es una palabra que utiliza con un sentido positivo. Apela a aquellos que la sienten para contagiársela a quienes no la llevan dentro. Contiene su lado positivo, pero también sus partes oscuras.
Y si es así, ¿cómo cree que se puede contagiar su parte de luz? Le confieso que el título fue propuesto por la editora, Sylvie Crossman. Pero lo acepté inmediatamente.
¿Con su llamada imperativa? Sí, señor, y con su signo de exclamación. Es fuerte. Mucho más de lo que yo hubiera propuesto, porque no me considero un revolucionario, soy diplomático que cree en la no violencia. Busco poner a la gente de acuerdo, más que enfrentarla.
Eso es bastante radical para los tiempos que corren. Estamos rodeados de políticos que nos llevan a la guerra. ¿El diálogo es hoy revolucionario? Puede ser. Pero si nos atenemos a los significados, le diré que lo que más me convence de la palabra es que contiene otro término fundamental: dignidad. Por eso lo acepté. Cuando la dignidad se pone en cuestión es necesario reaccionar. La indignación viene del pisoteo de la dignidad que cada ser humano lleva consigo. Por eso siempre me remito a la Declaración de Derechos Humanos. En su artículo primero ya dice: Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y en derechos.
Y ahora viene a apelar al compromiso. El nuevo libro se titula precisamente Comprometeos. Es el paso moral siguiente a la indignación. Nadie puede molestarse por que el prójimo se comprometa con algo. Puede molestarse si se rebela, si se remonta impulsivamente, eso es hacer el caldo a otros como Marine Le Pen [líder de la ultraderecha en Francia]. Lo que ella proclama es eso, pero yo apoyo la indignación en el sentido contrario. La que me sacude cuando los derechos básicos son atacados, perseguidos. Enfadarse y ya, para mí no tiene sentido. La ira no conduce a ninguna parte, debe ir seguida de compromiso.
Difícil. No propongo a la gente que se enfade sin más, sino que se pregunte cuáles son las razones que ponen en peligro esos valores fundamentales que hemos heredado y que ahora tiemblan. No es fácil, no.
Sobre todo, aclararnos en toda esta confusión. Un caldo de cultivo para diferentes indignaciones, para diferentes intereses. Al leer el libro quedan claros los valores, los peligros y los retos.
Son tres o cuatro. Empezando por los de la Revolución Francesa. Por algunos de ellos. Otros, insisto, la Declaración Universal de Derechos Humanos.
¿Los ve en la picota? Bastante, pero no olvidemos que en el tiempo en que fue redactada aquella declaración, el mundo todavía estaba amenazado por algunos totalitarismos. El fascismo había sido derrotado. Pero el comunismo pervivía. Luego se ha ido imponiendo otra ideología perversa basada en el mercado y nada más que en el mercado. Hoy, usted y yo, sufrimos sus consecuencias, las de un grupo privilegiado que busca sus beneficios a nuestras expensas. ¿Qué proponer como alternativa? La democracia real.
Bonita palabra. Confiar en depositar cada vez más poder en la gente común para que sus necesidades sean la prioridad a resolver por los Gobiernos, el primer deber. Los Gobiernos deben asegurar libertad, hermandad, igualdad y justicia social.
Y progreso. Otro concepto en crisis. Lo confundimos con progreso técnico, científico, pero no con bienestar. Absolutamente. Es algo muy sencillo, progresar significa tender a la mejoría. La palabra mejor es importante. ¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal? ¿Es mejor ganar dinero a cualquier precio o preservar la decencia y el honor? ¿Es mejor entrar en la espiral de un progreso científico a toda costa o guardarnos de descubrimientos que superen la dignidad del ser humano? Progreso no significa acelerarse, sino ser consciente de cuáles son los valores que ayudan a crear un mundo mejor y cuáles no. La democracia es exigente en sí. Demanda más a los políticos y logra tejer un sistema del que es difícil salir bien parado si actúas mal.
Volvamos a los claroscuros de la palabra indignación. Hubo un tiempo en que aquel sentimiento le llevó a un camino violento. ¿Qué sentía dentro, en sus tripas? No soy un tipo violento. Puedo entender qué lleva a la gente a la violencia. Pero a mí no me convence. Mi primera indignación tenía un nombre: los nazis. El fascismo de Franco y Mussolini, incluso Stalin, de quien ya tuvimos noticias de sus purgas en 1935. El totalitarismo. Además, teníamos el ejemplo de los republicanos españoles como contraposición a los comunistas más cerrados. Yo siempre me consideré demócrata, y cuando este sistema estaba en peligro me indignaba. Pero incluso dudé. Los estragos de la I Guerra Mundial nos hacían pensar a muchos que había que agotar todas las vías antes de entrar en otro conflicto. Negociar y dar la palabra a la gente de los diferentes países. Solo cuando vi claro que esta gente lo único que quería hacer era conquistar Europa con métodos violentos me convencí de que había que enfrentarse a ellos por las armas.
Pero esa indignación, físicamente, ¿era equiparable a la que siente ahora? No, entonces era joven y con ganas de luchar. Cuando llegó la hora, cuando vi que era necesario levantarme y enfrentarme a ellos, me invadió un deseo de lucha. Me enrolé en el ejército sin dudarlo. Y cuando se firmó el armisticio con los alemanes me volví a indignar. Sentí que era una deshonra y una deslealtad con los británicos. Me opuse; era inaceptable. ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en Francia? ¿Unirme fuera a De Gaulle? Eso es lo que hice.
Y tuvo una relación intensa con él, han contado algunos. No. Yo era muy joven y un oficial de bajo rango. Pero tuve el privilegio al llegar a Londres de cenar con él en la intimidad. Me convocó. Quería saber qué pensaba de él un joven estudiante de la Escuela Normal Superior, muy prestigiosa entonces en Francia. Deseaba conocer lo que opinábamos de él los estudiantes de ese nivel.
Por lo menos, y gracias a la fortuna, también De Gaulle se indignó. Cosa que no ocurría entre una enorme parte de los franceses. Aquello fue tan extraño en un país que había levantado las banderas de la democracia en todo el mundo... ¿Qué ocurrió? Francia había sido tremendamente golpeada. Lo que había ocurrido entre mayo y junio de 1940 es algo muy raro en la historia. No solo fue una victoria militar. Fue una enorme derrota, humillante, en la que la gente tuvo que huir de sus casas hacia lugares insospechados. A muchos, el armisticio les supuso un respiro. La paz era tentadora para mucha gente, pero aquello no era paz.
¿Era una humillación? Además, había otros factores. La amenaza de los soviéticos aterrorizaba a la burguesía, mientras que los fascismos no tanto, creían que no atentaban tanto a su modo de vida. Además, los nazis garantizaban el freno a los comunistas más que nadie.
Luego, en su caso particular vino otra nueva indignación. ¡La Gestapo!
Ahí sufrió en sus propias carnes el peligro. ¿Cómo fue su detención? En el momento en que me arrestaron estaba seguro de que no sobreviviría. Me detuvieron bajo cargos de delitos criminales graves. Sabían que había llegado de Londres para reforzar la Resistencia.
Incluso, que usted era judío. Eso no lo sabían. Me conocían poco. Si se hubiesen enterado de que mi padre era un judío emigrado de Berlín, me habrían tratado de otra forma. Pero lo hicieron como a un espía de nivel. Y, ¿qué haces con un espía? Obviamente, sacarle información.
¿Bajo torturas? Efectivamente. En la bañera, ahogándome. Pero no consiguieron que delatara a nadie, y eso fue una satisfacción para mí. Después me condenaron a muerte. Afortunadamente, la justicia era lenta y me internaron en Buchenwald y la orden de ahorcarme llegó muy tarde. Ya entonces pude cambiar mi identidad con alguien que había fallecido sin que se dieran cuenta. Era una persona que no estaba condenada a muerte. Así me libré.
Me imagino que en aquellos días la indignación se había convertido en terror. No exactamente. Se transformó en algo que solo un joven patriota puede sentir. Ese convencimiento henchido en el que crees que has cumplido con tu deber y te has sacrificado por tu país.
¡Un héroe! [Risas] Le cuento algo Cuando me detuvieron cogí un trozo de papel y escribí un soneto de Shakespeare que sabía de memoria: "No longer morn for me when I am dead...". Como diciendo, si me fusilan mañana, que mi esposa sepa que no quiero luto, sino que sea feliz. Ridículo, esto siempre resulta ridículo.
Es una manera noble de enfrentarse a la muerte. La vida está llena de ironías.
Si le hubieran dicho entonces que cumpliría 93 años... ¡Y tanto! Mi siguiente indignación llegó en los campos de concentración. Yo sabía que la guerra era violenta. Pero lo que nunca pude sospechar es el grado de brutalidad al que podíamos llegar los seres humanos.
Pasó de sentirse un héroe a otro estado: el de víctima. No solo una víctima individual, sino parte de una colectividad. Porque yo, personalmente, tuve suerte. Me salvé entre un grupo de 36 condenados a muerte. Yo y dos personas más. Me enviaron a otro campo y me escapé. Cuando lo logré me volvieron a capturar y me internaron en Dora. Allí se debatían entre colgarme o darme 25 latigazos. Pero me libré de ambas cosas porque le dije al oficial que me interrogaba: Estoy seguro de que usted, que es valiente, como yo, habría intentado escapar. Lo hice, pero fallé, con lo que no les puedo causar daño. Todo eso se lo expliqué en alemán, que es mi idioma materno. Si no hubiese hablado su lengua, seguramente nadie me habría librado del castigo.
En su vida han existido también momentos de alegría. Como el de la Declaración de Derechos. Poner de acuerdo en una posición común a países tan distintos como Francia, EE UU, la URSS o Arabia Saudí sería un esfuerzo titánico. ¿Costó? Lo atestigüé de primera mano. Si no se hubiera conseguido en 1948, las tensiones posteriores lo habrían hecho imposible después. En ese momento histórico, los soviéticos se abstuvieron, Arabia, también, y así permitieron su aprobación. Fue el momento. Un texto ambicioso para la historia de la humanidad.
Supongo que en aquellos momentos su indignación dio paso a la esperanza. Pues sí. Ese momento fue de auténtica, de verdadera y gran esperanza en el entendimiento de las naciones tras la guerra. Estábamos convencidos de que aquel texto encarrilaría a buena parte del mundo en el camino de la libertad y la justicia. Pero aquello duró poco, porque después llegó otro sentimiento: la ansiedad que producía el peligro de una tercera guerra, que no sería como las otras, sino que traería consigo la catástrofe nuclear. El mundo había conocido dos horrores: el Holocausto e Hiroshima, y eso nos producía un enorme temor. Era un mundo complicado e inseguro. Sentíamos que si la ONU no conseguía éxitos en sus programas de desarrollo y respeto a los derechos humanos, todo se iría derrumbando.
¿Le queda algo del optimismo de entonces? Todavía creo que existen pequeños y lentos pasos adelante y que continuarán, con retrocesos y avances. La última década del siglo XX fue muy prometedora. Después de la caída del Muro estábamos convencidos de habernos adentrado en una nueva era. En 2000 se llegó a un acuerdo bajo la presidencia de Kofi Annan de los objetivos del milenio. Pero cayeron las Torres Gemelas... Y empezamos el siglo XXI muy mal.
Con la amenaza terrorista, pero también con la ruptura de las reglas internacionales por parte de Bush, Blair y Aznar. ¿Qué supuso aquello para el orden mundial? Aquello es parte de mi indignación presente. El hecho de que los ciudadanos sean conscientes de que estábamos dando grandes pasos adelante y esos líderes los frenaran en seco y nos colocaran en la dirección equivocada.
¿No fue aquello una especie de paripé de cruzados por la democracia que en realidad representaban una especie de fascismo travestido? Desde luego. Una de las reglas básicas a respetar en ese nuevo orden mundial que empezaba a configurarse a finales del siglo XX era el derecho internacional. Romperlo era adentrarse en lo peor.
Contra gobernantes de ignorancia supina, ¿qué se puede hacer? ¡Indignarse! Necesitamos otros gobernantes, y también, compromiso de la sociedad para aupar a los más decentes. No podemos caer en esa desazón de la juventud, ni en pensar que todos los políticos son iguales, porque no es cierto. La rabia y la indiferencia no nos llevan a ninguna parte.
En su vida ha existido otra indignación persistente: Palestina. De nuevo, la ruptura de las reglas internacionales, la brutalidad impuesta, la situación en Gaza y Cisjordania aúnan todo lo que más he detestado en mi vida. Parecida a la que sentí en los campos de concentración. Siento un gran aprecio por el Estado de Israel, pero cuando su Gobierno se comporta de una manera similar a los peores Gobiernos que yo he tenido que soportar en mi vida, no puedo admitirlo y me rebelo y denuncio esos abusos cometidos por ellos con el permiso de Estados Unidos, la Unión Europea y algunas empresas involucradas en la situación. Es lo mismo que siento respecto a la incapacidad para ponerse de acuerdo sobre el cambio climático. Espero que ahora Obama, tras haber acabado con Bin Laden y ganado popularidad, pueda avanzar en ciertas cosas.
Por cierto, ¿qué opina de ese episodio? Bueno, yo me alegro de que se haya acabado con él. Era un asesino capaz de cosas espantosas. Sobre todo, de haberle dado al islam una imagen siniestra en el mundo. Y no es así. La gente de los países árabes se ha encargado en pocos meses de hacernos saber que aspiran al sentido común con sus revueltas. Pero, volviendo a Bin Laden, hubiera sido deseable otro método: la detención, un juicio.
¿Dónde queda Europa con esas amenazas de políticas antiinmigración? Justo ese es el objetivo de mi libro. Concienciar a la gente para afrontar los nuevos retos con valores dignos. No son nuestras ínfimas naciones las que están en peligro, es nuestro mundo, cada vez más amenazado por corrientes como los neocons o quienes no se mentalizan en el trato al medio ambiente. La fe en el compromiso es clave. No estamos condenados al fracaso, pero para evitarlo hay que dar un paso adelante.

AUTORIDAD MORAL

Toda una vida de lucha por el progreso, de resistencia frente a los totalitarismos, de autoridad moral, y este francés nacido en Alemania en 1917 se ha ganado el éxito y el aplauso mundial con un pequeño libro panfleto, '¡Indignaos!' (Editorial Destino, con prólogo en español de José Luis Sampedro), que ha sacudido el descontento en los países desarrollados frente a un sistema económico-político lleno de goteras.
Este judío, muy crítico con la política de Israel hacia Palestina, participó en la resistencia francesa contra los nazis, estuvo preso en varios campos de concentración y participó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

martes, 24 de mayo de 2011

Entre la resistencia y la expansión. Acampada Madrid

REPORTAJE

Entre la resistencia y la expansión

Los acampados de Sol tratan de organizarse mientras se preparan para aguantar una semana más y elaboran instrucciones por si la policía les desaloja

M. PÉREZ / C. PÉREZ-LANZAC - Madrid - 24/05/2011

Los acampados en Sol no tienen intención de marcharse. A pesar de las voces contrarias, la asamblea soberana decidió este fin de semana prolongar la acampada una semana más y allí tienen intención de quedarse hasta el domingo que viene. Ayer, la vida seguía en Sol. La comisión de infraestructuras andaba pidiendo a los simpatizantes "una escalera y andamios"; la de comunicación buscaba entre los voluntarios "correctores de estilo" y "traductores" y a las 20.30 se dio un taller de formación a los nuevos portavoces. Estas son algunas de las últimas novedades por Sol:

Orden doméstico. El reparto gratuito de comida se ha convertido en un foco de problemas, pues ha atraído a gente necesitada pero también a pícaros. Tras comprobar que se estaba revendiendo la comida, ayer se intentó poner coto a la entrega indiscriminada de alimento. Se propuso reservarla a los voluntarios de la acampada, lo que desató la ira de quienes no forman parte de la organización. La propuesta, de momento, no ha prosperado. Desde la megafonía se pidió respeto para la comisión de alimento, y se advirtió de la presencia de carteristas. Por otra parte, se ha creado el punto de objetos perdidos, pues también se encuentran objetos sin dueño. Por último, ayer también se debatía cómo desvincularse de una manifestación que la rama del metal del sindicato CNT ha convocado hoy a las 19.00 en Sol para protestar "Contra los recortes y privatizaciones del PP".
La psicosis del desalojo. Las redes sociales, aliadas del movimiento, ayudaron ayer a provocar situaciones de alarma entre acampados, periodistas y simpatizantes. Sobre las tres de la tarde, algunos alertaban en Face-book del desalojo de la Puerta del Sol. El bulo se vio alimentado por el anuncio del supuesto desmantelamiento del campamento de Granada. Desde la megafonía, la organización negó que en Granada se hubiese desalojado la acampada. Sobre las seis, la noticia se trasladó a los móviles, añadiendo que Sol se estaba "llenando de lecheras", pero en la plaza, los furgones policiales seguían en el mismo sitio, ante la sede de la Comunidad y sin movimiento. El 15-M, por si acaso, ya ha presentado su protocolo ante un posible desalojo, que aconseja, entre otras cosas, "mantener la calma", "ofrecer una resistencia pasiva en forma de sentada fuera de las carpas", "obedecer a las instrucciones de la megafonía" y "llevar siempre el DNI". Y una cosa más: tener preparado en el móvil el siguiente SMS para enviarlo en caso de intervención policial: "Están desalojando la acampada. Ven a defenderla. Pásalo".
¿Un movimiento atascado? Uno de los grandes retos de los acampados es poner orden en su funcionamiento para que no acabe devorado por su propio caos e intentar estructurar propuestas concretas. "Que la acampada decida adónde queremos llegar, para que no nos desunamos con tantas propuestas distintas", pedía ayer a la asamblea un hombre de unos 40 años. En estos días se han presentado a los asistentes propuestas de todos los colores: desde la reforma de la Ley Electoral General a la convocatoria de una marcha desde Pitis hasta el palacio de la Zarzuela para pedir cuentas al Rey a la creación de una comisión de espiritualidad. Ayer varios pidieron en la asamblea que la acampada se centre en lo que les une y no en lo que les separa. Por la tarde, la comisión de asambleas mantenía su propia asamblea para mejorar la eficacia de sus reuniones diarias. Se nombraron moderadores, facilitadores, dos secretarios del libro de actas, así como aprendices de los moderadores.
La esperanza: los barrios. La extensión de barrios trabaja contra reloj para tener a punto las asambleas que se han convocado este fin de semana en todos los barrios de Madrid. Desde la web madrid.tomalosbarrios.net informan de las diversas asambleas que se van convocando (ayer figuraban 52) y se ha colgado una propuesta de metodología con consejos organizativos y en la toma de decisiones que ayuden a lograr asambleas "saludables".
Los comerciantes se impacientan. Las tiendas de Sol y alrededores han sufrido pérdidas de entre un 30% y un 40%, según ha informado el presidente de la Confederación de Comercio de Madrid, que ha ha pedido una reunión urgente con la Delegada del Gobierno para exigirle que termine la concentración.

Valencia tras las elecciones

REPORTAJE

Paciencia y reinvención

El Movimiento 15-M en la Comunidad encara una nueva etapa tras las elecciones con la necesidad de optimizar su estructura

ROSA BIOT / PABLO FERRI - Alicante / Valencia - 24/05/2011

Cada día en la plaza supone un reto para el Movimiento 15-M. En Valencia, las comisiones buscan un formato que mejore su efectividad a la espera de que las universidades aparezcan. Ayer, los coordinadores contactaron con la Universitat de València y la Politécnica para que aporten sus conocimientos al movimiento. Mientras, las asambleas continúan y miles de ciudadanos volvieron a la plaza de nuevo una vez pasadas las elecciones. Por la mañana, unos 200 protestaron en la puerta de la Bolsa.

Por la mañana, un grupo de chavales comentaba los resultados. "Es que hace falta una reforma electoral. El PP, que ha perdido miles de votos, ha ganado un escaño", apuntaba Pozu, uno de ellos. Pero el debate se perdía, se ramificaba.
La concentración empieza a rumiar que algo debe cambiar, que la estructura de comisiones del movimiento debe adaptarse a las reivindicaciones y propuestas más que a las quejas y que la asamblea no puede funcionar como una sesión de micrófono abierto, por disfuncional. El domingo por la noche, algunos corros trataban el mismo asunto: la asamblea resulta inmanejable. Demasiado larga, demasiada gente con demasiadas ideas. Se lanzaron propuestas como dividir la asamblea por bloques temáticos o hacer más de una al día e incluso se acordó poner en marcha un taller de democracia horizontal para agilizar debates y reuniones. Ayer ya se probaron algunas cosas.
"La gente está muy concienciada", defendía ayer Andrea, socióloga, "lo único que nos hace falta es saber encontrar el mecanismo para que esto funcione", explicaba. Andrea integra la comisión de Análisis y Acción Social, cuya tarea principal es buscar el pulso a la acampada, rescatar las reivindicaciones básicas a base de encuestas. "Los que están desde el principio", apuntaba, "igual ven que no se avanza a la velocidad que pensaban, pero es que el movimiento es muy joven, apenas una semana, y está configurando su identidad", concretaba, "hay que tener paciencia".
En Alicante, la plaza de la Montañeta estaba ayer tranquila, aunque sigue llena de público y con los símbolos y lemas que han caracterizado la acampada en los últimos días. En los rostros de los presentes se refleja el cansancio, pero también la determinación de seguir. "Que la gente venga significa que nos une algo, pero la estructura tiene que rodarse", resumía claramente Víctor Hernández, un mapuche de 62 años que lleva toda la semana secundando la reivindicación. "Todas las comisiones están trabajando, el reto es llegar a un acuerdo final", agrega. "Tenemos que concentrarnos y recordar lo primero por lo que se lucha, que es la justicia. Lo vamos a conseguir", apostillaba Teresa, una indignada de San Juan, optimista.

Una alternativa a la ley d’Hondt

Un catedrático de Estadística de la Universitat de Valencia JOSÉ MIGUEL BERNARDO, propuso una alternativa en 2004 a la injusta Ley de Hondt, la cual no respeta la proporcionalidad y favorece claramente a los partidos mayoritarios.

Noticia  EL PAÍS, 2004

 

Indignado con ABC, que dice lo que no és y manipula la informción

Madrid

La protesta de «indignados» acaba en una batalla campal

Los jóvenes tomaron el centro durante horas; el saldo: 24 detenidos y cuatro policías heridos

 

Día 16/05/2011
El guión no falló. La manifestación convocada por Democracia real ya!, en medio centenar de ciudades españolas, acabó en Madrid en una auténtica batalla campal por las calles del centro a su término que se prolongó durante varias horas. En total, hubo 24 detenidos por los altercados que se prolongaron por espacio de varias horas, en los que se registraron seis heridos, cuatro de ellos policías, por contusiones.
 
Varios centenares de «antisistema» y otros grupos «ultra», que se fueron sumando al final de la protesta, que presidía una gran pancarta con la leyenda «No somos mercancías en manos de políticos y banqueros», y que reivindicaban un cambio político y social, bajo el grito «¡No les votéis!», anunciaban la que se avecinaba. Los incontrolados convirtieron las calles del centro en un polvorín con la quema contenedores, destrozo de mobiliario urbano y ataques a las Fuerzas de Seguridad del Estado a los que lanzaron botellas, piedras y todo tipo de objetos.
Toda la zona estaba plagada de unidades de antidisturbios de la Policía, que estuvo controlando la manifestación que reunió a varios miles de personas —25.000, según los convocantes—, que habían partido de Cibeles a las seis de la tarde para dirigirse a la Puerta del Sol, en donde iba a finalizar la marcha, al filo de las ocho, una vez leído el manifiesto. Sin embargo, eran muchos los participantes que seguían llegando, una amalgama de jóvenes y personas de distintas edades, con el denominador común de estar «desencantados e indignados», en la línea del libro del escritor francés Stéphane Hessel.

Cortaron la Gran Vía

Fue entonces cuando se marchaban los primeros en llegar a la cabecera, y subían los demás, cuando comenzaron los altercados y las carreras por la Puerta de Sol y calles adyacentes: Plaza de Jacinto Benavente, Tirso de Molina, Valverde, Fuencarral, Callao, Gran Vía, que incluso fue cortada al tráfico por la sentada que realizó un grupo de alborotadores... El polvorín fue mayúsculo y se prolongó hasta las once de la noche, cuando la Policía lo pudo controlar. La idea de la manifestación nació en internet por iniciativa de colectivos de todo tipo, entre ellos, Democracia real ya!, su promotor y Juventud sin futuro. Su objetivo: «Que la gente salga a la calle a protestar como en otros países como Francia e Irlanda». Y vaya si salió...

Los «ni-ni», triste precedente

 

El 15 -M sacude el sistema

El 15 -M sacude el sistema

Ni Ni-Nis, ni violentos, ni ciudadanos solo a golpe de ratón. Jóvenes concienciados con las libertades civiles se levantaron para encabezar una protesta que persigue un gran cambio. Un reportero de EL PAÍS vivió la semana en Sol, el corazón de la #spanishrevolution

Joseba Elola Madrid 22 MAY 2011 - 12:31 CET 


Jon Aguirre Such abrazaba con los dientes apretados. No podía contener la emoción, la rabia acumulada, la indignación compartida. Estaba viviendo un sueño. Un sueño que se ha hecho realidad. El sueño de muchos. Este joven de discurso articulado y fluido, estudiante de arquitectura de 26 años, y portavoz de Democracia Real Ya, abrazaba con fuerza y con rabia. Sucedió el martes 17. El martes mágico. A las ocho de la tarde. En la Puerta del Sol.
Sí, porque el martes apareció la magia de lo espontáneo. El milagro de la comunicación. La potencia de difusión del mensaje a través de las redes sociales. La fuerza de una nueva generación.
El ahogado sentimiento de la indignación reventaba todas las costuras.
Jon ya se había emocionado el domingo, cuando encabezaba la manifestación del 15 de mayo. Al llegar a la altura del Círculo de Bellas Artes, en la madrileña calle de Alcalá, echó la vista atrás: todo lleno de gente hasta Cibeles. "Casi me pongo a llorar. Veía a todo el mundo con cara de ilusión: '¡Es posible!". Jon cuenta su historia con orgullo, con pasión: "Acabamos de escribir Historia. No hay marcha atrás".
Jon Aguirre Such, con su camisa de flores y su americana negra, con su bigote fino y sus impecables botines negros, no obedece al perfil clásico del antisistema. Como la abrumadora mayoría de los que de modo espontáneo se sumaron a la protesta que fagocitó la campaña y convirtió el marketing electoral en plástico.
Acto lúdico en Sol. / Cristóbal Manuel
Gente. Mucha gente. Gente colorida. De todos los colores. Así los retrató El Roto, el maestro. Portando una gran bandera blanca: "Los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron...". Difícil expresar más con menos. Difícil sintetizar mejor la lectura del deseo y del sentir del común de los indignados. La viñeta se publicó el miércoles 18 de mayo en EL PAÍS. Al día siguiente del martes mágico. Los indignados la hicieron suya. Saltó esa misma noche, ampliada, a las farolas de la Puerta del Sol.
¿Quién se lo iba a decir a Carlos, a Carlos III, El Político, que dirigiría con gesto impasible a las huestes de semejante protesta cívica, a lomos de su caballo, con largas faldas azules y coloridos globos volando? Bajo su egregia estatua se cocinó la revuelta, Acampada Sol, la concentración heredera del 15-M; la que generó movimientos espejo en Barcelona, Valencia y Vigo; en Bruselas, Londres y Nueva York.
Los ojos de jóvenes de todo el mundo mirando a las inusitadas huestes de Don Carlos.
El martes 17 fue mágico. Mágico porque no había nada preparado. Brotó una concentración espontánea, vitaminada por las redes sociales. La manifestación del 15-M, sin embargo, fue el fruto de un concienciado y concienzudo trabajo. Tres meses de preparación. Lo del martes, fue otra cosa. Algo nuevo. Distinto.
Fabio Gándara, la cara más visible de Democracia Real Ya, lo tuvo claro desde el principio, allá por diciembre. En el grupo de Facebook en que empezó a nacer el Movimiento 15-M había prisas por convocar movilizaciones. "Algunos dijimos: 'Vamos a esperar. Organizar una protesta como esta es difícil. La sociedad civil está dormida. Vamos a esperar tres meses, vamos a trabajar".
La sociedad civil ha despertado. O más bien, una parte de esta. Con los más jóvenes al frente. Con los que quieren ser presente y no futuro. Con los millones de desempleados, los parados de larga duración, los hipotecados al borde del desahucio, los que temen la llegada de un nuevo recibo, los afectados por los recortes, los decepcionados por la pobreza del discurso político, los indignados por el marketing electoral. Una generación muy preparada, crecida a la sombra de San Google, ha decidido ponerse en marcha.
¿Cómo es posible que se haya producido tan brusco despertar en tan poco tiempo? A ciertos mundos analógicos les cuesta comprender las dinámicas de la Red. La propagación instantánea y viral de mensajes. La realimentación, el efecto de contagio, los efectos multiplicadores. A ciertos mundos analógicos les cuesta entender cómo es posible que funcione una estructura horizontal, sin líderes, sin jerarquías. Donde todos aportan. Donde todos se sienten parte.
La Puerta del Sol, el domingo por la mañana. / CRISTÓBAL MANUEL
Pues, por lo que se ve, funciona.
"Son asambleas de 24 horas al día, siete días a la semana". Así explica el proceso asambleario on line Olmo Gálvez, uno de los cracks de las redes sociales de Democracia Real Ya. "La información se va actualizando, las ideas se van sumando, de forma caótica, pero funciona, da resultados. Es como si las redes tuvieran un cerebro propio que piensa. Se hacen propuestas, se llega a un acuerdo y a trabajar". Olmo Gálvez, granadino de 30 años, colaborador de empresas tecnológicas, no había acudido nunca a una manifestación hasta ahora. Estudió en un colegio del Opus. Cursó Ciencias Empresariales en el ICADE. Hoy es parte de Democracia Real Ya, DRY para los amigos, pronunciado a la inglesa. "Nunca entendí lo de salir a la calle solo para el pataleo. Lo importante es que las movilizaciones sean punto de encuentro, conectar con la gente y que de ahí salgan cosas".
Cosas, lo que viene a ser cosas, han salido.
El martes 17 fue mágico. Mágico porque no había nada preparado
"Unos 18 o 20 mataos con un presupuesto de 1.000 euros". Así empezó todo. Con media sonrisa lo cuenta Chema Ruiz, portavoz madrileño de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), comercial, de 47 años. Su organización su sumó a DRY hace dos meses. "Nos encontramos con un movimiento asambleario, sin líderes, a un grupo de gente variopinta, con ilusión por cambiar las cosas". Así arrancaron.
Fabio Gándara, el hombre en el origen de la que se ha montado, abogado de 26 años, arrancó el proyecto de movilización social junto a dos amigos: Eric Pérez y otra persona que prefiere permanecer en el anonimato. A principios de diciembre ya eran unas diez personas con una misma idea. Miraban a Islandia. A una sociedad de sólido recorrido democrático que era capaz de encarcelar a algunos de los responsables de la crisis, de promover reformas constitucionales. "Vimos que la ciudadanía podía cambiar las cosas", cuenta, con la mirada despierta, este joven que vino a Madrid, procedente de Santiago de Compostela, para estudiar Derecho y Ciencias Políticas. Miraron hacia el mundo árabe y observaron cómo sociedades desestructuradas articulaban protestas a través de las redes sociales. Crearon un grupo en Facebook, Juventud en Acción, y un blog.
En enero, ampliaron la base, se abrieron a organizaciones sociales. Horizontalizaron aún más su propuesta. Crearon un nuevo grupo en Facebook a cuyo bautismo no acudió el espíritu de síntesis: Plataforma de Coordinación de Grupos por la Movilización Ciudadana. Se fueron sumando espontáneos, blogueros, gente del movimiento ciudadano Estado del Malestar, la plataforma No les votes -que preconiza que no se vote a los partidos que apoyaron la Ley Sinde, PSOE, PP y CiU-... La lista fue creciendo, creciendo, creciendo.
El debate en las redes les llevó a compartir una serie de ideas: indignación, los ciudadanos están siendo olvidados en esta crisis, la perversión del sistema democrático conduce a un modelo bipartidista, los mercados están imponiendo recortes antisociales. ¿Conclusión? "Son dos los principales culpables: los políticos, nuestros supuestos representantes, que actúan en connivencia con los grandes poderes económicos; y los poderes económicos, que mediatizan a los grandes partidos políticos, imponen un marco de desregulación y especulan con los bonos de los países", resume Gándara. Y así se llegó al lema, una de las claves para aunar tantas sensibilidades: "Democracia Real Ya: No somos mercancías en manos de políticos y banqueros".
Reflexión en Sol. / CRISTOBAL MANUEL
El lema tardó poco en convertirse en el nombre de la plataforma.
Se creó la web. Se descentralizó el movimiento. La lista de organizaciones que apoyaban la iniciativa iba engordando día a día. Todo se cocía en la Red.
A mediados de marzo se convocaban las primeras asambleas locales. La Casa de Granada fue el lugar en que se celebró la primera reunión en Madrid. "Fueron momentos de mucha ilusión. Era raro verse cara a cara. Todo esto ya se convertía en algo real", relata Gándara. "Comprobamos que éramos gente muy distinta pero que estábamos de acuerdo en lo básico".
El 2 de mayo celebraban una asamblea en el Retiro. Acudían unas 300 personas. Se establecían prioridades, todo aquel que se acercaba podía hablar. "Aquello parecía el Speaker's corner", recuerda en alusión al célebre espacio londinense para la libre expresión Merche Negro, colaboradora de DRY en temas de comunicación y cabeza de la plataforma audiovisual ciudadana Vudeo.org.
Juventud sin futuro, la Asociación de Desempleados ADESORG, No les votes y la plataforma ATTAC se convertían en motores del movimiento. Intermón Oxfam y blogueros como Enrique Dans también aparecerían en el largo listado de adhesiones. Multitud de webs estampaban su URL en la plataforma de DRY.
A una semana de la manifestación, las vibraciones no podían ser mejores. Las piezas empezaban a cuadrar, milagrosamente, como en un Tetris. Si hacía falta una pancarta, alguien aparecía con ella. Y en eso amaneció el 15 de mayo de 2011, fecha que pasará a la Historia como uno de los grandes éxitos de la movilización ciudadana ajena a partidos políticos y sindicatos. Más de 80.000 indignados tomaban las calles de toda España.
Una de las personas que han acudido a Sol se abraza a uno de los policías allí desplegado. / LUIS SEVILLANO
El movimiento se convertía en realidad andando.
Juan Cobo, fotógrafo de 26 años, regresa esa noche a casa con una sonrisa de oreja a oreja. Lo que ha vivido es increíble. Ha escuchado a la gente de Democracia Real Ya y ha reconocido su voz.Cuando llega a casa y oye hablar de los disturbios, tiene un momento de bajón moral. Vaya, una vez más, lo de siempre. Pero no, esto no ha sido lo de siempre. Esto ha sido algo nuevo. Algo distinto.
Son las cuatro de la madrugada. Juan Cobo está tan inquieto que decide volver a la Puerta del Sol a dar las gracias a los que se han quedado ahí a pasar la noche. Gracias por aguantar.
Llega a Sol y hay unas 35 personas. No están durmiendo, se están organizando. Como han venido haciendo todas las noches de esta semana. Trabajando cuando los demás duermen. Debatiendo, acordando, actuando.
No puede apartarse de esto. Nunca ha estado vinculado a movimientos sociales. Pero esto es algo único. Hay diálogo, capacidad de escuchar. No hay líderes, uno se siente parte del proceso. Acampada Sol está naciendo.
Pancarta a la entrada del metro. / DOMINIQUE FAGET (AFP)
Sobre las dos de la madrugada del domingo, esas 35 personas, veinteañeros y treintañeros, deciden que se quedan a dormir en Sol. A las cuatro empiezan a redactar un manifiesto. En la asamblea de las 08.00 queda aprobado.
Democracia Real Ya se echa a un lado. Siguen apoyando lo que allí se empieza a gestar, pero ceden el testigo a los acampados. Juan Cobo es uno de ellos. Será portavoz.
Lunes, cuatro de la tarde, Puerta del Sol. Acaban de montar un pequeño chiringuito, un toldo. Está situado cerca del oso y el madroño, al noreste de la plaza. Se gesta el nacimiento de la minirrepública de Acampada Sol. Hay revuelo, mucho movimiento: aguas y zumos bajo la minicarpa, documentos que circulan de mano en mano. En la otra punta de la plaza, un candidato del PP suelta su pequeño mitin de campaña, cerca de la calle Preciados, en una carpa de diseño azul que poco tiene que ver con la de los indignados. Apenas una quincena de personas le escuchan. Pareciera que clama en el desierto.
A las ocho de la tarde comienza la asamblea. Hay una centena de personas sentadas en el suelo. Gente de todo pelaje. Mayoritariamente jóvenes. Los hay con polo Ralph Lauren, los hay con camiseta vieja sin mangas, desgarrada. El chico aseado intercambia ideas con el perroflauta. Dialogando. Son distintos, pero hay algo que les une. Están hartos de esta engañifa, están hartos del guiñol de la política, de los eslóganes facilones, de los imputados en las listas. Coro: "Lo llaman democracia y no lo es".
Discuten sobre la posibilidad de que les desalojen si se quedan a dormir una noche más. Sobre si merece la pena mantener la carpa, que puede ser el motivo por el que les echen. Coro: "No tenemos miedo". Un joven pide el megáfono. "Que no somos Ni-Nis, que yo tengo dos carreras". Arrancan los aplausos. "Hay acampados en Sevilla y Valencia", se anuncia, "¡hay que aguantar!".
Uno de los organizadores procede a leer el manifiesto que han aprobado. Esta es la mejor manera de saber quiénes son, algo que la gente se ha estado preguntando a lo largo de toda la semana:
Fabio Gándara. / SAMUEL SÁNCHEZ
"¿Quiénes somos?: Somos personas que hemos venido libre y voluntariamente, que después de la manifestación decidimos reunirnos para seguir reivindicando la dignidad y la conciencia política y social. No representamos a ningún partido ni asociación. Nos une una vocación de cambio. Estamos aquí por dignidad y por solidaridad con los que no pueden estar aquí".
"¿Por qué estamos aquí? Estamos aquí porque queremos una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos. Abogamos por un cambio en la sociedad y en la conciencia social. Demostrar que la sociedad no se ha dormido y que seguiremos luchando por lo que nos merecemos mediante la vía pacífica. Apoyamos a los compañer@s que detuvieron tras la manifestación, y pedimos su puesta en libertad sin cargos. Lo queremos todo, lo queremos ahora, si estás de acuerdo con nosotros: ¡ÚNETE! Es mejor arriesgar y perder que perder por no haber arriesgado".
La asamblea prorrumpe en gritos de júbilo. Acampada Sol ya se ha unido en torno a este texto. La gente que por allí pasa se queda y escucha. Cada vez se van sumando más miradas, más oídos. Un veterano, que asiste de pie a la asamblea, pide el megáfono. "Amigos, amigas, os quiero felicitar porque estáis haciendo un gran ejercicio de ciudadanía", dice, "el artículo 23 de la Constitución os ampara". Los jóvenes aplauden entusiasmados. El movimiento ya tumba barreras generacionales.
Ha caído la noche y hay unas 400 personas en la Puerta del Sol. Se quedarán a dormir esta noche. De aquí no hay quien les mueva.
Paco López llega con una bolsa grande para pasar la noche en Sol. Tiene 47 años, está en paro. Es oficial marmolista de 2ª, actor, hombre concienciado. En su bolsa: un libro, Reacciona; dos botellas de agua; una esterilla verde y una almohadilla azul como las de los aviones. Está indignado. "La gente está harta de tanto cinismo, de tanta hipocresía, de tanta manipulación de los políticos. Antes había unos principios. En los políticos había una vocación de servicio, de humildad, no un sistema para generar privilegios. Para esto, ¡restauremos el sistema de marquesados!". Paco se va calentando. Vive con los 426 euros al mes de la prestación por desempleo. "Hay cinco millones de parados. Los mayores de 45 años estamos desahuciados. ¡Las personas están por encima de la rentabilidad de las empresas!".
El lunes se cierra con un dato que es el preludio de lo que se avecina. Hay poca gente en Sol, pero las redes hierven. La etiqueta #spanishrevolution se convierte en el tema del momento en Twitter. Pero no solo en España: #spanishrevolution es trending topic a nivel mundial.
Pancartas en el epicentro de la protesta. / SERGIO PEREZ (REUTERS)
En la madrugada del lunes al martes se produce la intervención policial. Desalojan a los acampados. Los que allí pasaron la noche denuncian el uso de violencia por parte de los agentes de policía. Aseguran que hubo patadas, puñetazos, porrazos.
Martes, 16.45, Puerta del Sol. Ni rastro de la acampada. Diez camionetas de la Policía se han desplegado en la plaza. Sobre las seis de la tarde, hay unos cien indignados en la plaza, dispersos. Fabio Gándara, cabeza visible de Democracia Real Ya, revisa sus mensajes sentado en el suelo, a la sombra.
La tarde va transcurriendo. Poco a poco, de manera sostenida, la gente se va sumando, sumando, sumando. A las 20.00 de la tarde, la Puerta del Sol está llena. Donde ayer a las ocho había 400, hoy han acudido 6.000. "Parece que va a ser complicado llevar a cabo esta asamblea", dicen con sorna desde megafonía, colocada bajo Carlos III. La euforia se dispara. "Nos quedamos en la plaza, no tenemos casa", dice el coro. "No estamos en Facebook, estamos en la calle". A las 21.29 megafonía proclama: "Tenemos el poder ahora y ¡nos está mirando el mundo!".
El sueño se ha hecho realidad. La #spanishrevolution ha arrancado.
A las 23.30 los voluntarios pegan cartones por los suelos para que todo el mundo que pueda haga noche. Circulan chinos vendiendo cervezas. A la estatua de Carlos II le empiezan a crecer faldones, los toldos azules se despliegan a su alrededor. Hay quien ya se ha traído un sofá.
Megafonía: "Esto no es un botellón, no beban alcohol. No estamos en una fiesta, estamos aquí para reivindicar nuestros derechos". A las 3 de la madrugada se celebra una nueva asamblea.
Campamento instalado en Sol. / J.C.Hidalgo (EFE)
El miércoles por la mañana la minirrepública de los indignados funciona a pleno rendimiento. Hay asambleas por todas las esquinas. Los concentrados tapizan la boca del Cercanías con mensajes en folios en blanco. Queda constituido el mural de las indignaciones.
Mapas colgados en la ciudadela que se va tejiendo indican donde está cada una de las comisiones. Cada una en una de las farolas de la plaza: Alimentación, Acción, Extensión, Coordinación interna, Legal, Cuidados/Limpieza, Infraestructuras (materiales, objetos perdidos), Comunicación. La enfermería está repleta de medicinas, tiritas, remedios varios. Bares y restaurantes de la zona dan cada noche a los acampados todo aquello que les sobra. Al puesto de alimentación llegan amas de casa con el carro de la compra repleto. Un restaurador trae perolas de fabada.
La web tomalaplaza.net recoge todas las plazas de España que se suman a la revuelta. La Red no para de hervir. Se crean nuevos hashtags, nuevas etiquetas para que la protesta siga viva en Twitter, para seguir siendo tema del momento. Usar un solo hashtag implica que el algoritmo de los trending topics se canse de la etiqueta y abra paso a otras nuevas. Los hashtags de los indignados van mutando: #spanishrevolution, #acampadasol,
Huerto ecológico montado en la Puerta del Sol. / J.C.Hidalgo (EFE)
#nonosvamos, #yeswecamp, #democraciarealya, #notenemosmiedo, #tomalaplaza, #pijamabloc. Los hashtag también se descentralizan: #acampadabcn, #acampadavalencia.
La protesta se extiende por toda España. Y por otras ciudades del mundo. Frente a las Embajadas españolas de Londres y Bruselas se concentran jóvenes españoles en apoyo de la #spanishrevolution.
El miércoles, la Junta Electoral Provincial de Madrid prohíbe las concentraciones. Por la tarde, la Policía se hace presente en la plaza. Los agentes cargan las rejas sobres sus camionetas, hacen controles en los accesos revisando mochilas. Pero el movimiento es imparable. Sigue creciendo, desafiando las prohibiciones. Acuden a la cita de las ocho de la tarde cada vez más adultos, mayores, inmigrantes, abueletes. "Que no, que no, que no nos representan", se grita en la plaza. El efecto multiplicador de la protesta no tiene barreras. "Esto no termina con las elecciones", claman.
La lluvia se ceba con la Puerta del Sol esa noche. Pero eso no disuade a los indignados. "¡ Llueva o nieve, aquí nadie se mueve!". Cientos de manifestantes aguantan bajo las improvisadas carpas azules vencidas por el peso del agua. La viñeta de El Roto cuelga de varias farolas de la plaza.
La elaboración de un manifiesto es uno de los escollos que deben resolver los concentrados. En las asambleas es difícil poner de acuerdo a todo el mundo. Se lanzan muchas ideas: reformar la ley electoral para hacerla más proporcional; revisar la financiación de los partidos; redistribuir mediante impuestos más progresivos; establecer la Tasa Tobin sobre movimientos de capitales; listas electorales libres de imputados, listas abiertas; supresión de sueldos vitalicios de los políticos, supresión de la Ley Sinde, la Ley de Extranjería, del Plan Bolonia. La minirrepública sigue creciendo y el efecto contagio por toda España cobra fuerza. En Valencia, el número de asistentes se triplica a cada día que pasa. El jueves, a las 19.30, son ya un total de 82 ciudades las que han solicitado un espacio en la página tomalaplaza.net. La prensa internacional mira a España. The Washington Post coloca las protestas españolas en su portada.
Viernes, 12.25 del mediodía. La minirrepública es una miniciudad. Se han multiplicado las tiendas de campaña, los sofás. "¿Sabéis dónde queda Respeto?", pregunta un joven en el taller de Artes Gráficas. "No sé, vete a Acción y pregunta".
Los carteles cada vez ofrecen mejor aspecto. Hay un tupper de plástico repleto de rotuladores para dotar de plasticidad a los mensajes. Las largas faldas azules de Carlos III se siguen extendiendo. Junto al oso y el madroño se ha abierto una tribuna popular.
Son ya 166 las ciudades de todo el mundo que convocan protestas. El número de seguidores del twitter @democraciareal supera, con 40.000 seguidores, la suma de @ppopular y @psoe. En un cartel negro y naranja de Sol, de los que se usan para vender o alquilar pisos, se puede leer: "Se alquila esclavo laboral. 600 euros al mes". Alguien ha borrado el 600 y ha superpuesto un 400.
El viernes por la noche llega el gran momento, el del minuto de silencio para dar paso a la jornada de reflexión. La gente no cabe en Sol, todas las calles que desembocan en la plaza revientan. A las 00.00 se hace el silencio. Más de 25.000 personas, muchas con la boca tapada con precinto, se callan al unísono. Silencio. Se oyen las campanas del reloj de la Puerta del Sol. El minuto no dura un minuto. El grito sale desbocado, antes de tiempo. Las manos se alzan girando las muñecas, es el símbolo de aprobación que se usa en las asambleas. Desconocidos se abrazan, algunos con lágrimas en los ojos. En Valencia, los números de la protesta también se desbocan: más de 10.000 personas en la Plaza del Ayuntamiento.
Cada día más gente, los números se multiplican. Ayer ya eran 300 las peticiones de dominio en tomalaplaza.net. Había 200 abogados apuntados en la Acampada de Sol. Un total de 15 enfermeros. Siete placas solares, 15 ordenadores. Las plazas volvieron a abarrotarse el sábado por la noche. A pesar de la prohibición por la jornada de reflexión. El fenómeno seguía creciendo, sumando a más ciudadanos, imparable.
"Se ha producido una desestructuración muy acelerada de la sociedad", sostiene Miguel Martínez, sociólogo experto en movimientos sociales, profesor de la Universidad Complutense e investigador Ramón y Cajal. "La precariedad ha emanado de las élites políticas, han ido apretando las tuercas cada día más. Los gobiernos han llevado a cabo políticas muy agresivas para la mayoría de la población. El panorama es muy triste. Tenía que surgir una válvula de escape. La gente siente que su vida se volatiliza. Cuando llega la indignación, ya no pueden ir más allá, porque te hacen desaparecer como persona. Si pierdes la dignidad ya solo eres mano de obra".


Cacerolada de protesta en Barcelona

Varios miles de personas participan en la segunda cacerolada de protesta en Barcelona

Los acampados de la plaza de Catalunya reciben al grito de "no nos moverán" la decisión de la Junta Electoral Central de declarar ilegales las manifestaciones populares del sábado y el domingo

REBECA CARRANCO / PERE RÍOS / DANIEL SÁNCHEZ - Barcelona - 19/05/2011

Al grito de "no nos moverán" han recibido los acampados en la plaza de Catalunya de Barcelona la decisión de la Junta Electoral Central (JEC) de declarar ilegales las manifestaciones populares del denominado Movimiento del 15M el sábado y el domingo.
 
La resolución del JEC se ha conocido justo cuando la asamblea decidía si calificar la protesta de lucha "contra la crisis económica actual" o bien "contra el capitalismo", informa Efe. En ese momento uno de los altavoces ha interrumpido el parlamento para comunicar la decisión de la Junta Electoral, que ha sido recibida por los concentrados con una llluvia de abucheosy coreando a unísono el eslogan "de plaza de Catalunya, no nos moverán", acompañado rítmicamente por palmas ppor la gente que abarrpotaba el céntrico enclave de Barcelona.

El Tribunal ha acordado prohibir por un solo voto las manifestaciones convocadas para el sábado, jornada de reflexión en toda España. Al Gobierno le corresponde ahora la tarea difícil de decidir cómo ejecuta la orden de desalojo de los concentrados en multitud de ciudades.? La decisión se ha tomado por cinco votos a favor, cuatro en contra y una abstención. Los magistrados del Tribunal Supremo Luciano Varela (progresista e instructor del caso contra Grazón por la memoria histórica) y José Manuel Maza (conservador) han redactado sendos particulares discrepantes. Entre los cuatro en contra de la prohibición se incluyen catedráticos propuestos en su momento por el PSOE

Horas antes, varios miles de personas se han concentrado en la plaza de Catalunya de Barcelona, pertrechados con cacerolas y cucharas. A las 21.00 horas, los indignados han ensordecido con su ruido los alrededores. La protesta se ha extendido incluso a los balcones de algunas calles del Eixample. Los acampados han anunciado que eran más de 7.000. La Guardia Urbana los ha cifrado en 800, algo manifiestamente alejado de la realidad. La protesta se ha repitido en distintos puntos de Cataluña.
El movimiento de los indignados ha dado esta noche un vuelco. Del discreto éxito de participación del lunes, martes y miércoles, al notable aumento de eset jueves. "Queremos que plaza de Catalunya sea el centro de todas las protestas", ha explicado una representante de la comisión de expansión de fenómeno, Núria Comerma, de 27 años.

El propósito de esa comisión es extender el movimiento de protesta a distinas franjas sociales que, hasta ahora, no se han sumado. Para conseguirlo han contactado con "diversos colectivos que se encuentran en medio de un conflicto laboral", como el sanitario, el educativo, el universitario e incluso los trabajadores de Telefónica afectados por un ERE y la Federación Catalana de ONG. Su objetivo, en palabras de Comerma, es "dar visibilidad a todas las luchas". Intentan que cualquier manifestación que se celebre en Barcelona acabe en la plaza de Catalunya. Hasta el momento, ya lo han logrado con algunas protestas minoritarias.
Además, se valen de las redes sociales para hacer llegar su mensaje. Incluso han colocado varias cámaras que intentan transmitir en directo lo que ocurre la plaza y se han esforzado en hacer llegar su mensaje a los medios de comunicación.

La iniciativa ha surtido efecto también en personas que no pertenecen a ninguna asociación. Como Consuelo Santamaría, de 62 años, que se ha sumado a la protesta, cacerola en mano, junto a su hija, de 34 años. "¡Estamos vivos!", decían, sonrientes.
Lo mismo que Ana y Francisco, una pareja de 64 y 65 años, recién jubilados, que se han acercado para "apoyar a la juventud" porque "es mucho más efectivo quejarse aquí que solo ir a votar". "Esto se ve en todo el mundo y eso es lo que más molesta a los políticos", ha afirmado Francisco.
Nadie quiere crearse enemigos en campaña electoral entre los acampados. Así se explica que todos los partidos políticos hayan evitado criticar a los concentrados en la plaza de Catalunya de Barcelona y hasta han lanzado, con matices, guiños de complicidad, no fuera que eso les costara votos.
Los dirigentes de Iniciativa han sido los que se han mostrado más receptivos a los concentrados. El secretario general de la formación, Joan Herrera, ha afirmado: "Las movilizaciones han impedido que algunos mataran la campaña", en referencia a los acampados y los que participaron en la protesta del pasado día 14 en Barcelona contra los recortes de la Generalitat.
Más cauteloso se ha mostrado Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, quien ha evitado pronunciarse sobre si había que desalojar a los concentrados argumentando que él no tiene competencias sobre el asunto y que corresponde a la Junta Electoral Central. Con todo, ha afirmado que "de la indignación hay que pasar a la acción", al tiempo que ha pedido que ningún partido instrumentalizara las protestas.
El candidato de CiU a la alcaldía de Barcelona, Xavier Trias, se ha mojado más y ha pedido abiertamente que no se les desaloje para no agravar la propuesta, mientras que el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol se ha preguntado "y después de indignarse ¿qué?, porque no podemos quedarnos en la pura indignación".
El secretario general de ERC, Joan Ridao, ha asegurado que las concentraciones reflejan el "malestar social" generado por las recetas anticrisis, y, en el otro extremo, la presidenta del PP de Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, ha dicho que entendía la indignación de los jóvenes ante las cifras de paro juvenil, que ronda el 40%.