Sonrisas de Bombay

lunes, 6 de junio de 2011

15-M: No hay democracia real sin democracia económica

 
"Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general"
(Artículo 128 de la Constitución española)
El movimiento del 15-M ha puesto sobre la mesa un debate que se ha querido hurtar a la ciudadanía española durante los últimos treinta años: el de la imperfecta democracia existente en nuestro país.
Miles de personas claman en nuestras calles para exigir democracia real porque entienden, con razón, que no se sienten representados por el régimen bipartidista de hecho que la ley electoral vigente instituyó, principalmente, con el objetivo de excluir a la izquierda menos colaboracionista del escenario político. Porque entienden que la democracia es incompatible con la presentación de docenas de imputados en las listas electorales, con la opacidad en la financiación de los partidos, con la falta de control del patrimonio de quienes dicen servir a los intereses públicos, empezando por el del Jefe del Estado, o con las vergonzosas imágenes de parlamentarios ausentes de sus escaños mientras otros hablan cansinamente al aire. Y también, porque creen, porque creemos, que tampoco se puede hablar de democracia cuando la propiedad de los medios de comunicación se concentra cada vez más en manos de grandes grupos financieros o incluso de fondos especulativos para evitar que se conviertan en espacios para el debate público y a la información objetiva.
Miles de personas reclaman, reclamamos, Democracia Real Ya porque cada vez sentimos más indignación cuando vemos que a quien llama el presidente del gobierno para tratar de hacer frente a la crisis no es a los ciudadanos y ciudadanas que han perdido sus viviendas, a los que están en paro o a los pequeños y medianos empresarios que crean el 90% del empleo existente, sino a los banqueros especuladores y a los directivos empresariales que más naturaleza y empleo destruyen y a quienes utilizan los paraísos fiscales para evadir sus responsabilidades con el Estado y, por tanto, con todos nosotros que sí pagamos impuestos. Y salimos a las calles porque estamos hartos de que se nos llame a votar cada cierto tiempo pero sin que nuestros votos sirvan luego para decidir las cuestiones más importantes que, sin embargo, resuelven a su antojo los poderes fácticos que no se presentan a las elecciones: los banqueros, los jerarcas de la Iglesia Católica, los dirigentes de la patronal y los grandes propietarios, o los dueños de los medios de comunicación más influyentes.
Reclamamos democracia porque creemos que no podemos hablar de que exista en España cuando tampoco la hay en una Europa que solo da preferencia a los mercados, que renuncia a ser algo más que un gran espacio de libertad financiera al servicio del capital y cuyos dirigentes se dejan dominar por los grupos de presión y poder dedicados a imponer las recetas neoliberales a los pueblos.
Reclamamos con razón Democracia Real Ya tratando de conseguir que los derechos políticos y la capacidad de decisión de todos los ciudadanos y ciudadanas sean exactamente los mismos, sin distinción. Pero, precisamente por eso, no debemos olvidar que será imposible que exista democracia real si no hay democracia económica, es decir si no se garantiza que todos los individuos, también sin distinción, disfruten de ingresos, medios y oportunidades suficientes para vivir y satisfacer con dignidad sus necesidades.
Las políticas económicas neoliberales que se vienen aplicando en los últimos treinta años constituyen de hecho una negación de la democracia porque generan unas condiciones de empleo y unos salarios tan bajos que condenan a millones de trabajadores y trabajadoras a la precariedad constante que les impiden vivir dignamente. Porque permiten que los bancos multipliquen sin límite la creación de deuda que esclaviza a familias y a pequeñas y medianas empresas. Porque han creado instituciones, como los bancos centrales independientes, que pueden mover palancas fundamentales de la vida económica de las que depende la distribución de la riqueza y el bienestar de la gente sin control alguno de los poderes representativos. Porque se han privatizado capital y empresas públicas a precios de saldo y sin debate social alguno sobre su conveniencia o ventajas; porque han restringido el gasto social privando a millones de personas de bienes colectivos de calidad para poner cada vez más servicios públicos en manos del negocio privado en contra de los deseos de la mayoría de la población, y porque han desarmado cada vez más a las instituciones públicas representativas cediendo su poder de decisión a los mercados y a grupos de presión para que así los grandes empresarios, los banqueros, los oligarcas del siglo XXI, impongan libremente su voluntad al resto de la sociedad. Y porque han aumentado escandalosamente la desigualdad, fortaleciendo el poder de las minorías más ricas y condenando al ostracismo cada vez a más millones de personas.
Y es fundamental tener en cuenta que si esta falta de democracia económica impide que se pueda hablar también de democracia política, la ausencia de ambas es la verdadera causa que ha dado lugar a las crisis que estamos viviendo, porque ha dejado sin control a las finanzas especulativas y a los banqueros que han cometido todo tipo de fraudes y engaños. Como, a otra escala, también es la causa de los grandes problemas económicos del mundo de nuestra época entre los que destaca la destrucción de nuestro medio natural, el hambre y la discriminación todavía sufren las mujeres y otros grupos de población como los inmigrantes.
Es completamente impensable, por lo tanto, que podamos resolverlos si no se avanza decisiva y realmente hacia la democracia económica. Y es una mentira gigantesca que se vaya a poder salir de la crisis, como dicen nuestros gobernantes, con reformas laborales y de las pensiones, con políticas de austeridad y con más privatizaciones que lo que hacen es agudizar los problemas que provocaron la crisis y limitar aún más la capacidad de decisión de la ciudadanía, es decir, la democracia.
En España carecemos de democracia económica y para disfrutarla es imprescindible un firme compromiso de Estado para garantizar el efectivo disfrute de los derechos constitucionales al empleo decente, al ingreso de suficiencia, a la salud, a la educación, a una pensión digna y a la vivienda. Si la democracia empieza por cumplir las leyes, exijamos que se cumpla la primera de ellas, la Constitución.
No podremos hablar de democracia real en España mientras haya una persona sin ingresos o con rentas miserables o sin poder ocupar una vivienda digna. Si queremos hablar de democracia hay que garantizar los derechos económicos y sociales básicos de toda la población y hemos de saber que si hoy día no lo están en nuestro país es como resultado de las políticas económicas que se vienen aplicando y que son las que hay que cambiar.
La historia y la experiencia de los países que han logrado más avances en esos campos nos muestra sin lugar a dudas que el disfrute de esos derechos no lo garantiza el mercado (restringiendo el gasto público y cediendo las escuelas a fondos especulativos, como en Madrid) sino que es imprescindible una potente intervención pública.
Y para poder llevarla a cabo es necesario, por un lado, una urgente Reforma Fiscal que dé equidad a nuestro sistema impositivo y un plan de lucha contra la economía sumergida y la evasión fiscal. Y, por otro, una potente estrategia de recuperación del ingreso y de la actividad económica.
Para lograr esto último es preciso, en primer lugar, disponer de financiación suficiente y para ello deben nacionalizarse las cajas y aquellos bancos que no pongan inmediatamente sus recursos al servicio de la actividad productiva -. Hay que frenar cuanto antes el nuevo expolio que la banca privada quiere hacer del sistema financiero español. En segundo lugar, deben volver al estado las empresas de interés estratégico para la economía nacional que en su día fueron privatizadas sin consultar a la ciudadanía y sin debate sobre sus ventajas o inconvenientes. Y, en tercer lugar, de deberá suscribir un amplio Pacto de rentas que garantice, por un lado, el incremento de la participación de los salarios en la renta nacional, que es un objetivo imprescindible para garantizar salir de la crisis recuperando la demanda y la actividad; y, por otro lado, incrementos de la productividad y reformas sustanciales en el modelo productivo que permitan que nuestra economía no se tenga que limitar a insertarse pasivamente en los mercados globales, como hasta ahora, en exclusivo beneficio de las grandes empresas. Para lo cual hay que empezar por derogar inmediatamente las medidas de recorte de derechos sociales y laborales adoptadas bajo la presión del terrorismo financiero desde mayo de 2010 hasta la fecha.
Ante el problema de deuda que atenaza a nuestra economía, se debe auditar la deuda pública y preguntarle a la población si desea hacerse cargo de la que se ha contraído por irresponsabilidad de los bancos y las grandes empresas o como consecuencia de sus operaciones especulativas contra el estado español.
España tiene una opción: languidecer en un régimen bipartidista de democracia imperfecta que quita poder a la ciudadanía-, para dárselo a los mercados y que fomenta una economía dependiente, oligarquizada y destructora de empleo, de actividad y de riqueza ambiental y natural, o, como se está empezando a hacer en las calles, decir que no a la estrategia económica neoliberal que los poderes económicos y financieros impusieron a los políticos que gobernaron la salida (inconclusa) del franquismo.
Las mujeres y los hombres corrientes podemos cambiar el rumbo de la historia y podemos evitar que los poderosos impongan siempre a los demás sus intereses. Ahora se puede conseguir en España, y por tanto avanzar hacia la Democracia Real con democracia económica, si se cumplen dos condiciones. Una, que no se renuncie al poder que nace en las calles frente a los impostores que se empeñan en que los demás paguemos la crisis que ellos han provocado. Y otra, que la rebeldía se extienda, como ha empezado tímidamente a extenderse, al conjunto de la Unión Europea porque en ésta última, dominada como está por el poder neoliberal más fundamentalista, es donde se encuentra el eslabón hoy día más determinante de la cadena que nos está esclavizando.
Botín no es el dueño de España. ¡Democracia real ya!
Juan Torres López. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

La voz del pueblo en la calle reclamando justicia social les da miedo

 
 Los que nos venden y algunos que parecen no entender la realidad difunden, han difundido, la idea de que la actuación de los gobiernos contra los trabajadores y trabajadoras es por temor a cosas peores y que eso les hace claudicar. Sin embargo el pueblo trabajador sabe que semejantes afirmaciones no son verdad; sabemos quién financia a ese gobierno y a es-e-os partido, puesto que es uno solo con dos caras: defensores de los intereses y la conciencia política y social que tiene como punto de partida la división social mediante la propiedad privada de los medios de producción y la plusvalía que genera la fuerza de trabajo, esos son, mercenarios de los grupos financieros y las multinacionales. 
Puede que el gobierno del Banco de Santander, del BBV y los demás, cambie algo para que todo siga igual, que cambien la forma, pero no cambiarán el fondo. Aunque para empezar los pregoneros del gobierno, esa primera fila de trincheras para defender lo establecido, esos que hablan durante todo el día sin dejar que su lugar lo ocupe la palabra crítica que esta en la calle, ya cargan con desprecio contra las reivindicaciones populares: en Radio Nacional (¿o es nacional con dos z cruzadas?) los mercenarios del gobierno (¿O son del sistema?) se llenaban la boca diciendo que los manifestantes concentrados en la Puerta del Sol de Madrid “son antisistema”, “esos se ponen contra el rey, contra la iglesia, contra el ejército, contra los bancos, y debían saber que hace falta una sociedad organizada, todos hemos sido jóvenes, y es que no saben que nuestra constitución es como todas las de Europa”, “yo aplaudo la decisión de la Delegación del gobierno de echarlos de la Puerta del Sol, eso no se puede consentir de ninguna manera”, “es que con estos jóvenes…
Sí, oírles hablar en la intimidad recuerda al del bigote, el presidente de Fa(lange) Es(pañola). Esto no es entreguismo, esto es confesionalidad. Esto no es una actitud temerosa y claudicante, es la actitud del cancerbero, es la disposición soberbia del vigilante del principio capitalista del mantenimiento de su orden establecido, de lo que debe de ser, según los intereses de los banqueros. Los intervinientes en la “tertulia ¿? en Radio Nacional (con dos z cruzadas), guardaespaldas de tales ladrones sociales, tienen como especialidad procurar la distracción de la gente que pueda verse en conflicto con el sistema que ellos defiende abandonando todo rastro de conciencia; pero si les falla su verborrea, si no cala su propaganda que repiten un día tras otro, si esos que ellos dan por oyentes no se adormecen y salen a la calle a pedir justicia, entonces pasan a la segunda fase: el desprecio, el insulto y los graznidos de felicitación por las medidas violentas tomadas por sus jefes gubernamentales. Fíjense que unos y otros hablan de “salvar el sistema financiero”, y los que están al mando, los que tienen capacidad de decidir, esos a los que estos defienden, roban los bienes sociales “para salvar el sistema”.

¿Por qué quieren asustar sus cancerberos desde las emisoras y periódicos a los oyentes diciendo que los manifestantes “son antisistema”? Porque forman parte del sistema corrupto, de democracia de falsa representación, de capacidad de decisión en manos de los banqueros, monarcas, curas y demás que no están dispuestos a dejar de enriquecerse, y lo mismo les da si con su sistema han dejado a cinco millones de trabajadores en paro, como si con su sistema han echado a 300.000 mil familias de sus casas por no poder pagar las hipotecas bancarias, o, si su sistema ha dejado hasta ahora el 43% de los jóvenes en paro, si las jubilaciones en su mayor parte se encuentran en los límites de la pobreza, si su sistema es el de los recortes salariales, el del aumento de la edad de jubilación, el del aumento de la pobreza… ¿seguimos?, da igual, su sistema no puede ser cambiado y quien proteste es un “antisistema”. Estos cancerberos nos quieren llevar a “la hora Argentina”, al “corralito”, un golpe de Estado de los banqueros con su gobierno a la cabeza, ¿o ya lo están dando y lo que hacen es preparar “la hora Argentina”?. Aún nos llevan ventaja, pero lo que se concentra en la Puerta del Sol, en las Plazas de muchas ciudades del Estado español, la voz popular, les da miedo, por eso sus mercenarios han recibido la consigna y la siguen al pie de la letra: desacreditar a quienes pedimos justicia. Así sabemos cuál es su trabajo. Nadie puede creerse que el gobierno claudica ante los banqueros, que tiene miedo a lo que pueda pasarnos, puesto que es el gobierno vendido por ellos, que les sirve y que tiene a su espalda la otra cara del mismo partido, el partido de los banqueros, de la propiedad privada de los medios de producción.

Pero ¿cuál es el otro sistema?, ¿el “antisistema” de este sistema?: el antisistema financiero, que es el de la justicia social, el del derecho a la igualdad, el derecho a producir cambios, el derecho a una constitución sin privilegios, el de la persecución del fraude fiscal y la corrupción, el del fortalecimiento de los servicios públicos, enseñanza, sanidad, transporte, el de la defensa de sectores estratégicos, aeropuertos, agua, luz, gas, petróleo, y capaz de poner la energía fuera del alcance de las multinacionales nucleares, el derecho al trabajo, a la vivienda, al estudio,… no hay más que escuchar las reivindicaciones, y cumplir con ellas requiere el cambio de sistema de los ladrones explotadores por el “antisistema”, el de igualdad, democracia y justicia, una República de progreso social.

Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, edita Fundación Domingo Malagón y Asociación Foro por la Memoria (asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es)

La primera cementera del mundo planea ampliar una cantera sobre el pulmón verde de Sagunto

La ampliación proyectada por la multinacional Lafarge arrasaría 75 hectáreas del Monte Romeu

 
Los efectos de la actividad de las compañías trasnacionales y sus métodos a veces se aprecian mejor en los proyectos locales. La receptividad de los políticos a las iniciativas de las empresas, las ayudas y subvenciones a su implantación, el desmesurado impacto ambiental y territorial de las actuaciones y la explotación de los trabajadores autóctonos son una realidad verificable en casi todos los casos. Lafarge es una compañía francesa líder mundial en el negocio de los materiales de construcción (la primera del mundo en la producción de cemento, la segunda en áridos y la tercera en hormigones). Opera en 78 países y, en el estado español, emplea a más de mil personas en sus dos filiales (Lafarge Cementos y Lafarge Áridos y Hormigones).
La multinacional llegó hace varias décadas al Puerto de Sagunto, corazón industrial de una comarca valenciana de 85.000 habitantes –el Camp de Morvedre- que en la década de los 80 sufrió un proceso salvaje de reconversión. Lafarge explota actualmente, con los permisos en regla, una cantera (Salt del LLop) emplazada junto a Sagunto. La compañía planea ahora ampliar la cantera, lo que arrasaría unas 75 hectáreas del Monte Romeu, principal pulmón verde de Sagunto (65.000 habitantes).
La ampliación provocaría daños irreversibles en un paraje de 274 hectáreas con elementos de interés como un denso bosque de pinos blancos adultos, matorral mediterráneo y ejemplos de vegetación arbustiva (lentisco, coscoja y aladierno, entre otros). También destaca por su fauna, con importante presencia de reptiles y, en las zonas boscosas, gatos salvajes, ardillas, zorros y jabalíes. Otra muestra de la biodiversidad de la zona son los murciélagos protegidos y las rapaces en situación “vulnerable”, como el águila azor perdicera. La montaña acoge asimismo un relevante patrimonio cultural: aljibes, un valioso refugio de piedra en seco, la casa-refugio donde se escondía el guerrillero Romeu y los restos de un poblado íbero de la edad de bronce.
No sólo por la biodiversidad del paraje. Tampoco debería teóricamente ampliarse la cantera porque el Monte Romeu está catalogado “Monte de Utilidad Pública” de propiedad municipal y el Plan General de Sagunto lo califica como “Suelo No Urbanizable de Protección Forestal”, aunque Lafarge logró, en una decisión sin precedentes, que la Generalitat Valenciana compatibilizara esta protección con la “tolerancia extractiva”. La propia Generalitat redactó el Plan Especial para proteger el monte mediante la figura jurídica de “Paraje Natural Municipal”, lo que supone –aunque finalmente no se haya aprobado la declaración- un reconocimiento de su valor ambiental y paisajístico.
Que el monte posee valores que lo hacen merecedor de protección parece indudable. La mejor prueba es que la Conselleria de Medio Ambiente denegó en mayo de 2010 la Declaración de Interés Comunitario (autorización que otorga la Generalitat Valenciana para actividades económicas en suelo no urbanizable) a Lafarge por el impacto negativo que produciría la explotación minera. “Está claro que la actividad extractiva es incompatible con la motivación de la declaración de Monte de Utilidad Pública, ya que esta provoca la desaparición total de la cubierta vegetal y del suelo, y por tanto favorecerá los procesos erosivos y destruirá el ecosistema de esa área”, justifica la resolución.
Sin embargo, la evidencia del impacto negativo no ha hecho desistir a Lafarge en su empeño de ampliar la actividad extractiva y, para ello, cuenta con buenos aliados en los partidos mayoritarios del Ayuntamiento de Sagunto (PP –que ocupa la alcaldía- PSOE y Segregación Porteña). Más aún cuando en 2018 finaliza la concesión municipal para la cantera que actualmente explota.
Un convenio, presentado públicamente aunque no firmado, entre el Ayuntamiento de Sagunto y la multinacional pone negro sobre blanco las intenciones de ésta: la ampliación de la cantera, es decir, realizar extracciones en dos sectores del Monte Romeu, que suman 50 hectáreas. Al estar las dos zonas separadas, habría que comunicarlas mediante dos grandes vías, lo que produciría, en total, daños irreparables sobre unas 75 hectáreas de monte. La empresa y el consistorio ya han manifestado su propósito de aplicar el convenio, aunque ello suponga pasar por encima de la Declaración de Interés Comunitario que desautoriza la actuación.
Según Jordi Cortina, miembro de la Plataforma de Defensa del Paraje Romeu, “el documento plasma los intereses privados de Lafarge y responde a las órdenes de una empresa que con la complicidad del PP, del PSOE y Segregación Porteña ha suplantado la voluntad de los ciudadanos; de hecho, algunas encuestas señalan que el 85% de los vecinos de Sagunto están a favor de la protección del Monte Romeu, declarándolo “Paraje Natural Municipal” y se oponen a la ampliación de la cantera”.
La iniciativa no es nueva. En 2005 la multinacional ya pidió al Ayuntamiento de Sagunto, a través de un testaferro, autorización para ampliar la pedrera en 100 hectáreas, a lo que el consistorio se negó aduciendo que pretendía declarar la zona “Paraje Natural Municipal”. A partir de entonces comenzaron las negociaciones, fruto de las cuales es el convenio entre el Ayuntamiento y la empresa, que vuelve a generar negras incertidumbres sobre el futuro del Monte Romeu.
A la luz de los hechos, la trayectoria de Lafarge en Sagunto no es precisamente respetuosa con el medio ambiente ni con los derechos de los trabajadores. Las actuaciones de restauración que, por exigencia legal, han de realizarse en paralelo a las extracciones han sido mínimas y, por si fuera poco, se han puesto en explotación zonas previamente restauradas. Además, según el Registro de emisiones del Ministerio de Medio Ambiente, Lafarge es una de las empresas más contaminantes del País Valenciano. No resulta extraño, por tanto, que los trabajadores hayan denunciado incineraciones fuera de control y sin los filtros necesarios por parte de la compañía.
La multinacional se ha especializado en subcontratar con empresas ficticias –la última, Eurocen-, que le prestan servicios de manera exclusiva en su factoría del Puerto de Sagunto, aunque en peores condiciones laborales y salariales. Al menos 10 contratas han funcionado de este modo en los últimos años. La compañía despidió en 2010 a 11 trabajadores que denunciaron en los juzgados esta situación de “cesión ilegal”, y pidieron que se les reconociera la relación laboral real que les unía a Lafarge. Todo ello, según los trabajadores, hubiera sido imposible con presencia de sindicatos de clase en la cementera y si el comité de empresa no actuara, en la práctica, como un sindicato amarillo.
En pleno conflicto, y desde fuera de la empresa, CCOO del Camp de Morvedre denunció que en Lafarge-Sagunto no existe una valoración de los puestos de trabajo que se desarrollan en condiciones penosas, peligrosas o tóxicas; tampoco un calendario laboral anual ni una previsión de vacaciones; y los accidentes en el tajo se ocultan hasta el punto de mandar a los trabajadores a sus casas a cambio de continuar cobrando un salario.
¿Cómo responde ante estas acusaciones la cementera número uno del mundo? Con propaganda y autobombo. En su página Web figura la siguiente proclama: “Lafarge considera que el crecimiento económico sostenible no puede producirse sin el progreso social, la protección del medio ambiente y el respeto a las comunidades locales”. Pero lo cierto es que los hechos no se compadecen con las declaraciones triunfalistas.
Dentro de las campañas orquestadas por Lafarge, preferentemente en sus comunicados de prensa, se vincula la ampliación de la cantera al mantenimiento de los puestos de trabajo en la fábrica de Sagunto. El nexo se establece a partir de datos muy imprecisos: entre 200 y 800 empleos dependerían –según la multinacional- de las extracciones. Un argumento que, por tópico e interesado que resulte, no deja de surtir efecto en un contexto de crisis económica.
Los vecinos de Sagunto apoyan de manera muy mayoritaria (algunas encuestas señalan que el 85%) la protección del Monte Romeu pero votan, y continuarán haciéndolo el 22 de mayo, a partidos que defienden la ampliación de la cantera. Algunas organizaciones mantienen, sin embargo, una ejemplar coherencia en la lucha.
Es el caso del Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, que continúa alzando la bandera de la protección del Monte Romeu mediante la declaración de “Paraje Natural Municipal”; y la Plataforma de Veïns de la Muntanya de Romeu-Bonilles, formada por ciudadanos que residen cerca de la pedrera, se oponen a su ampliación y defienden los valores ambientales del monte. Se trata, en definitiva, de una resistencia local y comarcal a la prepotencia de un poder multinacional que desprecia los valores del territorio.
 

Volved a vuestras casas (si tenéis)

 
“La policía ha cumplido de manera impecable; esta gente ha estado enturbiando la convivencia de los madrileños.” -Francisco Granado, consejero de Presidencia de Madrid.
Entiendo el estupor de Esperanza Aguirre (“los antisistema debían presentarse a las elecciones”) y sus consejeros al asomarse al balcón de su despacho y ver la Puerta del Sol tomada por cientos de jóvenes.
“Pero, ¿qué hacen ahí? ¿Por qué no se han ido a dormir a su casa? ¿Es que no piensan ir a trabajar hoy? ¿Cómo no huyen al ver a la policía? ¿Y por qué no acampan en la Moncloa, en vez de bajo mi balcón? Si quieren protestar, ¿por qué no lo hacen el domingo, votando? Y sobre todo, ¿por qué no nos votan a nosotros, si tan cabreados están?”
Como Aguirre y Granados no son los únicos que se hacen esas preguntas, respondámosles: los manifestantes siguen ahí porqué están hartos. No se han ido a casa porque muchos no tienen casa. Tampoco irán a trabajar: están en paro. No se amilanan ante la policía porque su lema es “sin casa, sin curro, sin pensión y sin miedo”; y no tienen miedo pues no tienen mucho que perder. No acampan en la Moncloa porque su protesta va más allá de quién gobierna. Votarán (o no) el domingo, pero piden “democracia real”. Y no votan al PP porque rechazan el bipartidismo dominante.
Aunque los presenten como apolíticos (cuando en realidad son más bien apartidistas), o incluso antipolíticos (y no falta quien alerta de un populismo berlusconiano), en sus pancartas hay más política que en cualquier programa electoral. Política con minúsculas y con mayúsculas, de barrio y global.
No tienen miedo, pero dan miedo. Por eso hay quien se apresura en convertirlos en un problema de orden público, policial. Y por supuesto, ya les han colocado la pegatina: antisistema. Primer paso hacia su criminalización si se va de las manos. Ya sabemos que en España antisistema está sólo un escalón por debajo de terrorista.
Si los manifestantes y acampados son antisistema, lo son como el rebelde de la canción de Jeanette, al que el mundo había hecho así. “Yo soy antisistema porque el sistema me ha hecho así”. Es este sistema el que los expulsa. Y después de dejarlos en la calle, ahora les pide que se vayan a dormir a la casa que no tienen.

Fuente: http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/05/18/volved-a-vuestras-casas-si-teneis/
 

Palabras del 15 de mayo

Globalizate
 
He intentado reconstruir aquí, sobre la base de mis apuntes, lo que dije en la Puerta del Sol madrileña el domingo 15, al final de la multitudinaria manifestación que convocó la plataforma Democracia Real Ya. Tiempo habrá para valorar --a mí me cuesta trabajo-- qué es lo que está ocurriendo estos días. Me contento ahora con llamar la atención sobre una discreta experiencia personal que algo nos dice --creo-- de la zozobra con la que los medios de incomunicación del sistema han asumido la revuelta de tantos jóvenes.
En los jornadas sucesivas al día 15 recibí un buen puñado de llamadas de esos medios de incomunicación. Algunas procedían, por cierto, de emisoras de radio y de periódicos que de manera altiva y descortés me habían puesto en la calle en su momento. Me pareció evidente que los profesionales correspondientes andaban desesperados buscando alguna cara que ponerle al movimiento que, fundamentalmente articulado por jóvenes, empezaba a tomar la calle. En todos los casos –ya tendré tiempo de cambiar, si procede, de conducta-- me negué a hacer declaración alguna y en todos sugerí que entrevistasen a los organizadores de las manifestaciones y, más aún, a los propios manifestantes. En una de esas conversaciones mi interlocutor insistió en su demanda y me preguntó expresamente si no habría algún otro profesor universitario que pudiera poner su cara. Al parecer, y a los ojos de algunos, para explicar lo que está sucediendo es inevitable echar mano de las sesudas explicaciones que proporcionamos los profesores de universidad, como si la gente de a pie no supiera expresarse con claridad y contundencia. Menos mal que hay algún profesional que se salva. Ayer, y de nuevo en la Puerta del Sol, un periodista me dijo que los jóvenes a los que había entrevistado hablaban mucho mejor que Tomás Gómez y --me da el pálpito-- que la propia señora De Cospedal.
Antes de colocar mi texto, me permito agregar una última observación: no sólo debemos estar sobre aviso ante lo que hacen los medios --para cuándo una activa campaña de denuncia de lo que supone esa genuina plaga contemporánea que son los tertulianos--. También debemos guardar las distancias con respecto a lo que dicen y se aprestan a hacer muchas gentes de la izquierda de siempre que, bien intencionadas, se proponen encauzar unos movimientos que en último término no comprenden y miran con desdén. Ahí van, en cualquier caso, mis palabras del día 15.
"Quienes estamos aquí somos, a buen seguro, personas muy distintas. Llevamos en la cabeza proyectos e ideales diferentes. Han conseguido, sin embargo, que nos pongamos de acuerdo en un puñado de ideas básicas. Las intento resumir de manera muy rápida.
Primera. Lo llaman democracia y no lo es. Las principales instituciones y, con ellas, los principales partidos han conseguido demostrar su capacidad para funcionar al margen del ruido molesto que emite la población. Los dos partidos más importantes, en singular, escenifican desde tiempo atrás una confrontación aparentemente severa que esconde una fundamental comunidad de ideas. Uno y otro mantienen en sus filas, por cierto, a personas de más que dudosa moralidad. No es difícil adivinar lo que hay por detrás: en los hechos son formidables corporaciones económico-financieras las que dictan la mayoría de las reglas del juego.
Segunda. Somos víctimas con frecuencia de grandes cifras que se nos imponen. Em mayo de 2010, por proponer un ejemplo, la Unión Europea exigió del Gobierno español que redujese en 15.000 millones de euros el gasto público. Nadie sabe a ciencia cierta qué son 15.000 millones de euros.

Para comprenderlo no está de más que asumamos una rápida comparación con otras cifras. Unos años atrás ese Gobierno español que acabo de mencionar destinó en inicio 9.000 millones de euros al saneamiento de una única caja de ahorros, la de Castilla-La Mancha, que se hallaba al borde de la quiebra; estoy hablando de una cifra que se acercaba a las dos terceras partes de la de la exigida en recortes por la Unión Europea. Durante dos años fiscales consecutivos, ese mismo Gobierno obsequió con 400 euros a todos los que hacemos una declaración de la renta. A todos, dicho sea de paso, por igual: lo mismo recibió el señor Botín que el ciudadano más pobre. Según una estimación, ese regalo se llevó, en cada uno de esos años, 10.000 millones de euros. Estoy hablando del mismo Gobierno, que se autotitula socialista, que no dudó en suprimir un impuesto, el del patrimonio, que por lógica grava ante todo a los ricos, reduciendo sensiblemente la recaudación, mientras incrementaba en cambio otro, el IVA, que castiga a los pobres. El mismo Gobierno, en fin, que apenas hace nada para luchar contra el fraude fiscal y que mantiene la legislación más laxa de la Unión Europea en lo que hace a evasión de capitales y paraísos fiscales.

Tercera. Si hay un dios que adoran políticos, economistas y muchos sindicalistas, ese dios es el de la competitividad. Cualquier persona con dos dedos de cabeza sabe, sin embargo, en qué se han traducido, para la mayoría de quienes están aquí, las formidables ganancias obtenidas en los últimos años en materia de competividad: salarios cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales que retroceden, precariedad por todas partes.
No es difícil identificar a las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados. Si no hubiera muchas tragedias por detrás, tendría su gracia glosar esa deriva terminológica que hace media docena de años nos invitaba a hablar de mileuristas para retratar una delicada situación, hoy nos invita a hacerlo de quinientoseuristas y pasado mañana, las cosas como van, nos obligará a referirnos a los trescientoseuristas. La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocupar los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los olvidados de siempre, los ancianos, ignorados en particular por esos dos maravillosos sindicatos, Comisiones y UGT, siempre dispuestos a firmar lo infirmable. No quiero olvidar, en cuarto y último lugar, a nuestros amigos inmigrantes, convertidos, según las coyunturas, en mercancía de quita y pon. Estoy hablando, al fin y al cabo, de una escueta minoría de la población: jóvenes, mujeres, ancianos e inmigrantes.
Cuarta. No quiero dejar en el olvido los derechos de las generaciones venideras y, con ellos, los de las demás especies que nos acompañan en el planeta Tierra. Lo digo porque en este país en el que estamos hace mucho tiempo que confundimos crecimiento y consumo, por un lado, con felicidad y bienestar, por el otro. Hablo del mismo país que ha permitido orgulloso que su huella ecológica se acrecentase espectacularmente, con efecto principal en la ruptura de precarios equilibrios medioambientales. Ahí están, para testimoniarlo, la idolatría del automóvil y de su cultura, esos maravillosos trenes de alta velocidad que permiten que los ricos se muevan con rapidez mientras se deterioran las posibilidades al alcance de las clases populares, los castigos, acaso irreversibles, que han padecido nuestras costas o, para dejarlo ahí, la dramática desaparición de la vida rural. Nada retrata mejor dónde estamos que el hecho de que España se encuentre en el furgón de cola de la Unión Europea en lo hace a la lucha contra el cambio climático, con un Gobierno que alienta la impresentable compra de cuotas de contaminación en países pobres que no están en condiciones de agotar las suyas.
Quinta. Entre las reivindicaciones que plantea la plataforma que promueve estas manifestaciones y concentraciones hay una expresa relativa a la urgencia de reducir el gasto militar. Me parece tanto más pertinente cuanto que en los últimos años hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo nuestros diferentes gobernantes rebajaban de manera muy sensible la ayuda al desarrollo. Nunca lo subrayaremos de manera suficiente: el momento más tétrico de nuestra crisis dibuja un escenario claramente preferible al momento más airoso de la situación de la mayoría de los países del Sur.
Vuelvo, con todo, a lo del gasto militar. Este último, visiblemente ocultado tras numerosas partidas, responde a dos grandes objetivos. El primero no es otro que mantener a España en el núcleo de los países poderosos, con los deberes consiguientes en materia de apoyo a esas genuinas guerras de rapiña global que lideran los Estados Unidos. El segundo se vincula con el designio de preservar un apoyo franco a lo que hacen tantas empresas españolas en el exterior. ¿Alguien ha tenido noticia de que algún portavoz del Partido Socialista o del Partido Popular se haya atrevido a criticar, siquiera sólo sea livianamente, las violaciones de derechos humanos básicos de las que son responsables empresas españolas en Colombia como en Ecuador, en Perú como en Bolivia, en Argentina como en Brasil?
Acabo. Me gustaría en estas horas tener un recuerdo para alguien que nos ha dejado en Madrid el martes pasado. Hablo de Ramón Fernández Durán, que iluminó nuestro conocimiento en lo que respecta a las miserias del capitalismo global y nos puso sobre aviso ante lo que nos espera de la mano de esa genuina edad de las tinieblas en la que, si no lo remediamos, nos adentramos a marchas forzadas. No se me ocurre mejor manera de hacerlo que la que me invita a rescatar una frase que ha repetido muchas veces mi amigo José Luis Sampedro, de quien escucharemos, por cierto, un saludo dentro de unos minutos., La frase en cuestión, que creo refleja bien a a las claras nuestra intención de esta tarde, la pronunció Martin Luther King, el muñidor principal del movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos de cincuenta años atrás. Dice así: 'Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas'. Muchas gracias por haberme escuchado".

Fuente: http://www.globalizate.org/taibo180511.html
 

La lucha por la democracia en el siglo XXI

Breve análisis de lo acontecido a raíz de las manifestaciones del 15M

 
El pasado 15 de mayo de 2011 tuvieron lugar manifestaciones simultáneas en las principales ciudades españolas, convocadas por una plataforma ciudadana (al margen de partidos políticos y sindicatos) denominada “¡Democracia Real Ya!”. El éxito de dichas manifestaciones, y el no menos importante hecho de que espontáneamente unos cuantos ciudadanos (jóvenes mayoritariamente) decidieran darle continuidad a las protestas acampando en la Puerta del Sol madrileña, sorprendió a diestro y siniestro. El desalojo por la fuerza por parte de la policía de los campistas que eligieron la ciudad, la capital del Estado, en vez del campo, para plantar sus sacos de dormir, produjo un efecto rebote: al cabo de pocas horas la plaza amaneció abarrotada de nuevos campistas. Me propongo de la manera más breve posible analizar las causas de dicho éxito, así como las perspectivas de futuro que se abren. Remito al lector a mis diversos escritos, disponibles todos ellos en mi blog (http://joselopezsanchez.wordpress.com/) para profundizar en todo lo dicho en el presente artículo, especialmente a los artículos: La lucha anticapitalista, Rumbo a la República, El cambio en España, Izquierda vs. Derecha. Siendo estos tres últimos artículos extractos de mi libroLa causa republicana. Asimismo en el libro Rumbo a la democracia planteo las ideas generales sobre la lucha por la democracia: por qué no tenemos democracia, cómo mejorarla y ampliarla y cómo luchar por ella, individualmente y colectivamente.
Independientemente de su resultado final, el movimiento por la “¡Democracia Real Ya!” va a marcar las pautas de la lucha por la democracia en España, incluso en el mundo me atrevo a afirmar. Espere el lector al final de este artículo antes de acusarme de pretencioso o utópico.
Diferencias y similitudes respecto de otros movimientos populares acontecidos recientemente en el mundo:
1.Crisis del sistema capitalista: el capitalismo, por su propia naturaleza, condena a grandes capas de la población a la inseguridad económica, a la miseria, a la falta de perspectivas. Ésta es la razón principal de todos los estallidos sociales. La actual crisis económica, la cual está siendo utilizada por el capital para contraatacar, agudiza la crisis permanente que significa el sistema capitalista. La lucha de clases sigue muy vigente. Mientras haya sociedad de clases habrá lucha de clases. La lucha de clases es consustancial al capitalismo. Aunque dicha lucha, indudablemente, adopta diversas formas y tiene sus altibajos.
2.Insuficientes democracias: la población se siente cada vez más impotente frente a un sistema en el cual se supone que gobierna el pueblo, pero que en la práctica no está más que al servicio de unas minorías. La reivindicación común en todos los sitios (especialmente en aquellos donde la democracia es de peor calidad, mejor dicho, donde el disfraz de “democracia” es menos elaborado) es la del poder del pueblo. En todas partes va cundiendo la idea de que el pueblo no tiene el control de la situación y por consiguiente el pueblo reclama lo que en teoría, pero no en la práctica, es suyo.
3.Por primera vez en la historia de la humanidad, los ciudadanos pueden informarse fácilmente al margen de los circuitos habituales, controlados por la oligarquía. Por primera vez, además, pueden intercomunicarse activamente. Internet posibilita la ruptura del monopolio de las ideas, de la información y de la opinión. Pero no sólo esto, además, posibilita que los ciudadanos puedan organizarse eficazmente, en masa y rápidamente, horizontalmente, al margen de los tradicionales conductos, es decir, prescindiendo de los partidos y sindicatos, de las organizaciones “clásicas” de masas. En verdad ya ha habido antecedentes históricos (véase el mayo del 68 francés), pero ahora las posibilidades son mucho mayores. La revolución de las comunicaciones está posibilitando la revolución social. La democratización de las ideas conduce directa y rápidamente a la democratización de toda la sociedad.
4.El descrédito generalizado del sistema capitalista y de su falsa democracia ha afectado incluso a aquellas organizaciones que se consideran antisistema. La izquierda transformadora, junto con el resto de la izquierda (la socialdemocracia realmente ha dejado de ser izquierda, ha perdido totalmente el Norte, si es que alguna vez lo tuvo), está en profunda crisis ideológica (si bien ya hay síntomas esperanzadores de un resurgimiento). La izquierda integrada en el sistema se ha acomodado y ha perdido contacto con la realidad, se ha vendido. Y la izquierda supuestamente antisistémica está totalmente desorientada porque no ha sido capaz, hasta ahora, de reorientar su estrategia de acuerdo con la situación actual, sigue anclada en los postulados de principios del siglo XX, incumple la máxima de los padres de dicha izquierda revolucionaria de que la estrategia debe adaptarse al tiempo y al espacio. El éxito del movimiento del 15-M es el éxito del espontaneísmo frente a la mala planificación revolucionaria, producto del estancamiento a que inevitablemente conlleva el dogmatismo. Las masas han superado a las vanguardias. ¡No es la primera vez que ocurre esto en la historia, ni mucho menos! Dicho éxito es el fracaso de la izquierda anticapitalista tradicional. Sin embargo, dado que la reivindicación popular es claramente a favor de la democracia, es decir, de cambios sistémicos en la dirección de más democracia, la izquierda radical realmente está ganando la calle, ¡a pesar de la pésima estrategia empleada hasta ahora por sus organizaciones! Y es que, como no podía ser de otra manera, los intereses generales, de la gran mayoría, son los intereses defendidos tradicionalmente por la verdadera izquierda. A quien interesa la democracia es al pueblo, a la izquierda auténtica.
5.El movimiento del 15-M en España se produce en un país supuestamente democrático en vísperas de unas elecciones. Se denuncia el bipartidismo estático, sustento de la oligocracia capitalista. En los países árabes el objetivo más inmediato era echar a los actuales gobernantes y lograr unas elecciones. Es decir, en España la reivindicación tiene que ver con la escasa calidad de las democracias occidentales, de la democracia liberal burguesa en general. Ésta justificaba la demanda popular de democracia en Egipto o en Túnez porque allí, nos decía, no había realmente democracia. Pero ahora resulta que en las propias democracias “ejemplares” de Europa su población sale a la calle para decir que no son realmente democracias. ¿No vemos las importantes implicaciones que esto tiene? En Francia o en Grecia la gente salió a la calle para protestar contra las medidas económicas de sus respectivos gobiernos, sometidos al neoliberalismo imperante en el mundo, pero no se denunciaba, no al menos como se está haciendo en estos momentos en España, a la propia democracia liberal. En España, en la huelga del 29 de septiembre de 2010, los trabajadores protestaron en contra de la reforma laboral, de los recortes sociales. Pero, ahora, no se trata sólo de esto. Ahora la gente que acampa en las calles de nuestro país habla de cambiar el propio sistema, no sólo de ciertas políticas o medidas económicas concretas. ¿No es evidente el salto cualitativo? El 15-M inicia, como mínimo, el cuestionamiento del orden burgués a gran escala en estos principios del siglo XXI, por lo menos en Europa, en la metrópoli capitalista. Y, considerando el enorme efecto contagio de nuestra Sociedad de la Información, esto quiere decir que se abre la veda a la revolución democrática mundial. Por lo menos, ahí está la posibilidad, que no certeza. No hay que caer en el exceso de optimismo, por supuesto. Pero no debemos perder de vista el enorme salto cualitativo que representa que en la propia televisión (la meca de los medios burgueses) salga gente cuestionando la actual democracia, que la cuestión democrática entre en la agenda política, que en los grandes medios pueda saberse que hay carteles en el centro de la capital de un Estado burgués diciendo que “lo llaman democracia y no lo es”. Podemos estar en un momento histórico crucial.
Causas del éxito del movimiento 15-M:
1.La plataforma que ha convocado las manifestaciones ha empleado un lema totalmente acertado. En todos los aspectos, por el fondo y por la forma. Por el fondo porque centra su estrategia, sus reivindicaciones, en la democracia, en el esqueleto político del sistema. Esto es lo que sugiere el empleo de la palabra “Democracia”. También porque al mismo tiempo que se pone en agenda la cuestión democrática, se denuncia la actual democracia, pero sin caer en la denuncia de toda democracia (lo cual podría haber llevado al rapto de este movimiento por parte de la ultraderecha, ésta lo intentó pero lo tenía muy difícil; tras dar promoción al movimiento rápidamente se distanció de él y cargó sus baterías mediáticas contra él cuando vio de qué se trataba verdaderamente). Todo esto es lo que sugiere la combinación de las palabras “democracia” y “real”. Pero es que, además, dichas palabras vienen acompañadas de una maravillosa coletilla: “ya”. Es decir, así se espanta cualquier utopismo. Este movimiento va muy en serio, no es un “mayo del 68” romántico que pide el amor libre, no es producto del postmodernismo que protesta sin saber qué alternativas hay, sin concretar, que pretende sólo destruir, que reivindica un futuro (lejano) mejor. Este movimiento, con ese sabio lema, denuncia al mismo tiempo que reivindica. Denuncia la actual democracia y reivindica la auténtica democracia, pero no para un futuro incierto o lejano, sino que para ahora mismo. Ahoraahora no es realmente democracia. Y todo ello rodeado de los movilizadores puntos de exclamación. ¿Podría haberse elegido mejor lema? es necesario y posible una democracia real, lo que tenemos
Además, no lo olvidemos (y esto es algo que la izquierda anticapitalista tradicional no ha sabido o querido ver), la palabra democracia no está demonizada por el actual sistema (al contrario que otras palabras como socialismo, comunismo, anarquismo, marxismo, o incluso izquierda). Dicha palabra no espanta a las masas. Las otras sí. Este movimiento del 15-M ha tenido muy en cuenta la intoxicación ideológica de las masas para superar el obstáculo de los prejuicios que tanto y tanto se curra el sistema burgués. La burguesía no puede luchar contra la palabra democracia, sólo puede ensuciarla, tergiversarla, distorsionarla, vaciarla de contenido, pero no puede negarla ante la ciudadanía. A la gente sí le moviliza la palabra democracia. Ahí están los resultados. ¡Democracia Real Ya! es un lema claro, sencillo, al mismo tiempo que contundente, profundo y movilizador. Ataca a las propias bases del sistema e incita a la acción. A este lema acompaña otro no menos acertado: “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Quien no vea el mensaje claramente anticapitalista, quien no vea que se ataca a la oligocracia capitalista, es que se tapa los ojos o está ciego. ¡Esto sí lo han visto claramente las distintas fuerzas de la derecha!
2.Las manifestaciones se han convocado simultáneamente (misma hora y mismo día) en multitud de ciudades del país y en plena campaña electoral. Frente a la censura mediática no hay más remedio que simultanear, que crecerse, que ser oportunos, que ser originales, para llamar la atención, y esto lo han conseguido quienes están detrás del 15-M. No así el movimiento republicano que se conforma con repetir cada año las mismas dos manifestaciones en la capital, convertidas prácticamente en una aburrida rutina, simultaneándolas con algún que otro acto simbólico, estrategia claramente insuficiente como ya dije en su día en mi artículo La ofensiva republicana. ¡Compañeros republicanos éste es el momento que tanto esperábamos! ¡Tomemos ejemplo de los chicos de Democracia Real Ya! Ellos nos están mostrando cómo hay que hacer las cosas.
3.A esas manifestaciones se han sumado acampadas que han logrado prolongar la reivindicación, que incluso amenaza con extenderse y generalizarse. El sistema tiene serios motivos para ponerse nervioso, como ya está haciendo. La presión empieza a ser sostenida. Al sistema no le preocupa que unos cuantos jóvenes (o unos cuantos republicanos nostálgicos que se limitan a cantar la Internacional) se manifiesten una vez en sus ciudades y luego vuelvan a casa y continúen su vida apática. El sistema se preocupa cuando las protestas persisten, cuando es presionado no un día sino muchos seguidos y cuando dicha presión va a más. La presión popular deberá ser intensa y persistente, incluso creciente, para lograr resultados concretos. Esto es el ABC de la lucha revolucionaria. El poder nunca cede. Hay que presionarlo mucho y sostenidamente. El sistema procurará no ceder nada, cuando dicha presión popular empiece a ser importante, no tendrá más remedio que ceder algo, un poco, y si dicha presión sigue y sigue entonces es cuando se abren de verdad las posibilidades de cambios verdaderos. Si se ponen nerviosos, es que vamos por buen camino.
4.El movimiento del 15-M se ha declarado apartidista y asindicalista, pero político. Es decir, no niega la política, lo cual es evidente (si así lo hiciera no mostraría coherencia, ¡la peligrosa coherencia!). Es más, afirma que reivindica la verdaderademocracia y plantea reivindicaciones concretas indudablemente democráticas y sociales, es decir, indudablemente de izquierdas, pero sin declararse de izquierdas, sin recurrir a las palabras demonizadas que espantarían a las grandes masas alienadas. Incluso, al declararse al margen de los partidos y los sindicatos (sin que esto impida que algunos partidos y sindicatos les apoyen, pero evitando que asuman el protagonismo), consiguen que los desencantados del sistema, que son muchos, que no creen en ninguna organización o que no conocen ciertas organizaciones que llevan años luchando honestamente, les sigan también. política, no la actual que está completamente vacía de contenido. Y es que sólo con la verdadera democracia volverá la POLÍTICA, con mayúsculas. Al ser un movimiento que no se declara abiertamente de tal o cual tendencia (esto es lo que hubiera deseado la derecha, oficial y no oficial, el sistema en general), la gente no prejuzga, sino que juzga por el lema y por el contenido reivindicativo. ¡Bravo, ese es el camino! Que unos cuantos ultraizquierdistas se manifiesten bajo el lema de “por una república popular, federal y socialista” no es peligroso para el sistema, pues éste ha intoxicado hasta las cejas a la población y ésta no sigue a esos “radicales trasnochados”. Pero el presente movimiento habla de
5.“Democracia Real Ya” no se conforma con movilizar en contra del actual sistema, lo cual ya es meritorio en estos tiempos donde reina la apatía, sino que, además, plantea soluciones concretas realistas, factibles a corto plazo. Es decir, el movimiento sabe contra qué protesta y, no menos importante, sabe por qué lucha, plantea alternativas perfectamente realizables en el presente (no sin esfuerzo, sin embargo). No es un movimiento sin rumbo. Está orientado, muy bien orientado, aunque, por supuesto, deberá ser mejor orientado. Esto dependerá de cómo trabajen las organizaciones izquierdistas, las cuales deberán en primer lugar desprenderse de estúpidos orgullos y sectarismos para practicar la autocrítica y sumarse a las masas para orientarlas y enriquecerlas, pero no para suplantarlas.
En estos momentos es cuando los revolucionarios de palabra demuestran realmente si lo son. Los hechos hablan más que las palabras. A los falsos revolucionarios, a las quintas columnas, a los oportunistas, se les pone en evidencia en momentos como estos. Existía cierto temor, no injustificado, de que tras el movimiento por la “Democracia real ya” estuviera la ultraderecha. ¡Pero a los falsos profetas en estos tiempos de intoxicación ideológica masiva se les delata con los hechos, con las reivindicaciones concretas, con el contenido de las protestas, y no con autoproclamaciones izquierdistas que espantan al gran público porque en los cerebros de las masas ciertas palabras bloquean las mentes y desmovilizan! Evidentemente diversas organizaciones del sistema contra el que se protesta intentarán canalizar el movimiento para volverlo inofensivo. ¡Esto siempre pasa en todo movimiento popular revolucionario! Pero la manera de espantar a quienes realmente desean desintegrar el movimiento desde dentro es mediante la democracia, hablando de cosas concretas, enfrentándose dialécticamente a quienes plantean renunciar a ciertas cosas básicas o posponerlas indefinidamente, a quienes plantean mucho de golpe con el objetivo de no lograr nada, a quienes desean que la revolución potencial se quede en potencial, que no afecte a la esencia misma del sistema. La verdad siempre se abre camino practicando el librepensamiento, la libertad más absoluta de opinión, el pensamiento crítico. ¡Defendamos y juzguemos a las ideas desnudas, sin ponerles etiquetas! Las etiquetas las desean poner quienes manipulan a las masas, los defensores ideológicos del sistema, que recurren a las etiquetas que ellos han “patentado” para que la gente juzgue a la botella por ellas y no por su contenido, para que la gente juzgue como ellos desean sin molestarse en conocer de primera mano, para que juzgue el vino sin probarlo. Etiquetas, insisto, que anulan la capacidad de raciocinio de las mentes invadidas de prejuicios.
6.Éste es un movimiento pacífico que actúa, hasta ahora, ejemplarmente. El sistema desea la violencia, incluso la provoca, para justificar la represión. Los “héroes” de la Puerta del Sol y de tantas y tantas plazas del Estado español se resisten pacíficamente ante la violencia del Estado burgués que muestra su auténtico rostro en estos momentos históricos. ¡No caigamos en las provocaciones! ¡Defendamos nuestro derecho a indignarnos y a protestar en las calles pacíficamente, ejemplarmente! Defendamos el derecho a tomar los lugares públicos. La declaración Universal de los Derechos Humanos dice textualmente: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. La rebelión es un supremo derecho de toda persona contra la tiranía y la opresión. ¡Pero la rebelión hace más daño cuando es pacífica, cuando no da excusas al poder para degenerar en violencia! La violencia siempre beneficia al poder. La tiranía y la opresión adoptan formas más sutiles en las “democracias” burguesas, pero el capital oprime a la mayoría condenándola a la inseguridad, a la miseria, a la desesperanza, al exilio, sin darle ni siquiera el mínimo y supremo derecho a la protesta pacífica y civilizada. Cuando el Estado clasista burgués es cuestionado o entra en crisis, denota su auténtica naturaleza. Así como a las personas se las conoce de verdad cuando se las critica o las cosas van mal, así mismo ocurre con el Estado capitalista.
Por no prolongar en exceso este artículo, acabaré diciendo brevemente lo que le falta, en mi opinión, a este movimiento para convertirse en una seria amenaza para el sistema, para posibilitar una revolución social:
1.Si se reivindica la democracia, es inevitable reivindicar que el pueblo pueda construirla y esto nos conduce directa e inmediatamente a la cuestión republicana. La regeneración democrática en la España del siglo XXI tiene nombre y apellidos: Tercera República. La democracia real no puede ser la democracia coronada, no puede ser la democracia de la monarquía, ni de la actual, ni de cualquier otra. El pueblo tiene derecho a elegir en las urnas a todos sus representantes, empezando por su jefe de Estado. Las banderas republicanas deben inundar las calles y plazas de todo el Estado. Pero sin ser instrumentalizadas por ninguna corriente política concreta. La Tercera República es la forma política que debe adoptar la democracia real ya. Alrededor de los símbolos es posible que la revolución crezca. Los símbolos, siempre que no se vacíen de contenido, son siempre un crucial instrumento de propaganda de los movimientos populares. Contagian a las masas y elevan la moral. En los símbolos, fácilmente reconocibles (muchas pancartas no se ven bien si no es con imágenes detalladas y que duren cierto tiempo, no así las banderas, cuyos colores se ven muy rápido y de lejos), se sintetizan visualmente las ideas. A corto plazo debe conseguirse un referéndum para que el pueblo elija entre República o Monarquía, precedido de amplios debates públicos donde todas las opciones tengan las mismas opciones. Éste debe ser el gran objetivo político del movimiento iniciado este mayo español del 2011.
2.Es imprescindible reivindicar prioritariamente la elegibilidad de todos los cargos públicos (incluido el jefe de Estado), su revocabilidad y el mandato imperativo. Los referendos deben ser siempre vinculantes. Asimismo es imprescindible lograr una verdadera separación de poderes. De todos: legislativo, ejecutivo, judicial, prensa y económico. Sobre todo económico. Mientras el poder económico controle a los demás no podremos tener más que oligocracia, el gobierno de los ricos, es decir, plutocracia. Para empezar debe reformarse la financiación de los partidos para que no dependan del capital. Es imprescindible que la prensa sea independiente, empezando por los medios públicos que deben dar voz a todas las ideas, ya sean mayoritarias o minoritarias. La verdad no entiende de mayorías. El ciudadano tiene derecho a conocer todo tipo de hechos y opiniones. La democracia no consiste en votar qué es verdad y qué es mentira, sino en poder conocer en igualdad de condiciones todas las opciones para elegir con pleno conocimiento de causa. El ciudadano tiene derecho a estar bien informado. Sin verdadera libertad de expresión no puede haber democracia. La libertad de expresión no consiste sólo en poder expresar las ideas en privado, sino en público, en tener las mismas opciones que otros de expresarlas. Toda democracia debe basarse siempre en el principio elemental de la igualdad de oportunidades. El pensamiento único es producto del monopolio de las ideas, el consenso, la verdad, de la libre circulación de las ideas, es decir, de su mutuo enfrentamiento igualitario. Por supuesto que hay que reformar la ley electoral para llevar a la práctica el elemental principio democrático “una persona, un voto”, para que todos los votos valgan igual. Pero se necesitan muchas más reformas. Entre ellas las que acabo de mencionar más arriba. Remito a mi artículo La separación de poderes y al capítulo El desarrollo de la democracia del libro Rumbo a la democracia. Todas estas medidas concretas son las cuatro patas de la mesa de la democracia. Sin ellas poca democracia podremos tener. Es lo mínimo que debemos tener.
3.Hay que prolongar e intensificar las protestas. Las acampadas deben generalizarse y verse complementadas por más manifestaciones, además de por huelgas en distintos sectores de la economía, con el objetivo de llegar a las huelgas generales prolongadas o por lo menos recurrentes. A los jóvenes, a los mileuristas, a los parados, deben sumarse todos los trabajadores (al menos gradualmente), los estudiantes, los pensionistas,… La democracia nos atañe a todos los ciudadanos. La presión popular debe prolongarse más allá de las próximas elecciones del 22 de mayo y debe centrarse en lograr resultados concretos, y no promesas. Estas movilizaciones deben ser sólo el principio de una larga e insistente lucha. La revolución social debe traducirse en revolución política primero, para a continuación hacer posible la revolución económica. Ésta será posible con la infraestructura política necesaria. Sin democracia política no habrá democracia económica. Sin democracia económica no hay futuro para nadie, no para la mayoría.
4.Alrededor de este movimiento popular más o menos espontáneo debe nacer un frente político de izquierdas (más pronto que tarde este movimiento será calificado de izquierdas, ya empieza a serlo) que aglutine y canalice el descontento popular. Sin unidad de acción no hay nada que hacer. ¿Cuántas veces habrá que recordarlo? ¿A qué esperan las fuerzas de la izquierda real de este país? ¡Menos criticar a la izquierda institucional y más actuar, y más dar ejemplo! El objetivo debe ser, en general, iniciar un proceso constituyente hacia la República. En dicho frente también deben participar los sindicatos, todos los posibles, incluyendo en un momento dado a los traidores actuales, siempre que no se les deje tomar el control del proceso revolucionario. Hay que construir mayorías, para lo cual no habrá más remedio que recurrir a la izquierda institucional, política y sindical, excluyendo por supuesto al PSOE, pero no a sus militantes de base o votantes, engañados o equivocados. En ningún caso este movimiento tiene que perder su espontaneidad y su independencia. Dicho frente político y sindical debe servir a las masas y no servirse de ellas.
No hay revolución sin rebelión. No hay rebelión sin necesidades objetivas y sin indignación. El movimiento del 15-M, ayudado por ciertos folletos o libros, como Indignaos de Stéphane Hessel o Reacciona de José Luís Sanpedro y otros autores (¡qué importantes son también las ideas!), ha conseguido despertar la indignación, ha conseguido que el pueblo español empiece a reaccionar. En cuanto a esto ha sido un éxito total. ¡Por ahí se empieza! Pero hay que proseguir, además de empezar. Veremos cómo acaba todo esto. Trabajemos para que acabe bien, para que por fin se produzcan cambios políticos de calado en la España del siglo XXI. No hay revolución sin la combinación adecuada de factores objetivos y subjetivos. En España ya se dan desde hace cierto tiempo las condiciones objetivas, como no me canso de repetir (ver El cambio en España). Los inesperados éxitos de la pasada huelga general del 29-S de 2010 y del movimiento del 15-M de 2011 así lo demuestran. La masa de descontentos no para de crecer y está deseando luchar. La crisis se prolonga, en verdad que la verdadera crisis es el propio capitalismo. Pero sin los factores subjetivos adecuados (conciencia y estrategia) tampoco hay revolución. Con una estrategia inteligente, es decir, que se adapte a las circunstancias, en vez de al revés, se disparan las posibilidades de la revolución social. La revolución es ante todo una cuestión de organización, es una guerra (que no tiene por que ser violenta, que conviene que sea pacífica, como ya dije) contra el orden establecido, pero también por establecer un nuevo orden, verdaderamente nuevo. La revolución es una combinación de espontaneidad y planificación, de masas y vanguardias, de destrucción y construcción. La democracia sólo podrá alcanzarse democráticamente, practicando la democracia en la misma lucha por la democracia. Sólo el pueblo conquistará el poder del pueblo. La libertad siempre es conquistada, nunca es regalada.
¡Se abre la veda para la lucha por la democracia en el siglo XXI! ¡No desaprovechemos la ocasión! ¡Desprendámonos de la apatía y del desánimo! ¿Quién podía prever lo que empieza a sonar a posible revolución hace apenas unos días? ¡Hagamos que ese posible se convierta en segura! ¡Hagamos que la potencial revolución que llama a las puertas del destino deje de ser potencial para ser real!
Al margen del resultado final del presente movimiento, el propio hecho de haber sacado a las masas de la pasividad y el desánimo es ya todo un triunfo. Ya es un triunfo andar por la calle y oír a los jóvenes discutir de política, de si hay que votar o no, cuando hace poco sólo se preocupaban de cómo hacer el botellón. Ya es un triunfo que la gente corriente hable de la calidad de nuestra “democracia”. Ése es el camino. ¡El pueblo empieza a despertar! Pero sólo acaba de empezar a despertar. Puede volver a dormirse. De los aciertos y de los errores del presente movimiento podrán sacarse importantes lecciones para la lucha democrática en este país y en el mundo entero. Si en España se lograra implantar la Tercera República, que debería consistir mucho más que en poder elegir al jefe de Estado, ¿no podría esto dar ejemplo a nuestros países vecinos para reformar también sus democracias? ¿Es casualidad que ahora en España el pueblo empiece a despertar, tras las revoluciones de nuestros vecinos y hermanos árabes? Se aprende tanto de los errores como de los aciertos. Pero, por si acaso, procuremos que este intento dé sus frutos, procuremos sobre todo iniciar una dinámica de desarrollo democrático. No podremos conseguirlo todo de golpe. Pero sí podemos montar una infraestructura realmente democrática que posibilite el cambio social. De esto se trata fundamentalmente, de romper la presa para que el agua fluya por fin. La presa no se romperá sola, no la romperán quienes la necesitan para perpetuar su dominio, la deberemos romper los ciudadanos. No se romperá desde arriba, sólo podrá romperse desde abajo. El movimiento ¡Democracia Real ya! apunta en la dirección correcta. ¡Pongámonos en marcha!
¡No somos mercancía en manos de políticos y banqueros!
¡Todos a la calle!
¡Todos a la huelga!
¡Por una democracia real, ya!
¡Por la Tercera República, ya!
 

Plazas, protestas y desalojos

A ver si mi memoria ha acuñado bien esta moneda. ¿No habíamos quedado en que los dictadores árabes habían tomado sendas inadmisibles y antidemocráticas ante las razonables y justas protestas de sus ciudadanos? ¿No criticábamos que esos políticos trasnochados, y las fuerzas que los amparaban, desalojaran de las plazas de Túnez, Marruecos, Argelia y Egipto a jóvenes que gritaban y exigían democracia real, trabajo digno, justicia y dignidad? ¿No repetíamos una y mil veces más que las revueltas árabes eran movimientos, incluso revoluciones pacíficas que merecían toda nuestra consideración y apoyo? ¿No llamábamos la atención de gobernantes, ministros y diplomáticos y los criticábamos severamente ante las actuaciones de las fuerzas policiales de sus respectivos países? ¿Era eso o no era eso? 
¿Cómo se entiende entonces que no pongamos el grito en el cielo, actos en la tierra y exijamos dimisiones y que se vayan todos, pero todos-todos, cuando la Policía Nacional (y tal), con nocturnidad y alevosía, como en los viejos tiempos de penumbra franquista, desaloja la plaza donde nuestros jóvenes, y no tan jóvenes, piden y exigen cosas muy similares a las que exigían y exigen los jóvenes y los ciudadanos árabes? ¿No gritaban también los jóvenes madrileños, por ejemplo, contra la corrupción y los privilegios y a favor de la democracia real, la justicia, el trabajo digno y contra los privilegiados y responsables que han llevado al mundo y a nuestro país a una de las peores crisis económico-sociales de toda su historia? ¿Dónde está su locura? ¿Qué vértice de su radicalidad no resulta admisibles? ¿Aquellos desalojos no estaban justificados y estos, los nuestros, en cambio sí? ¿Qué perversa lógica subyace a estas miradas? ¿Aquello eran dictaduras y esto es una democracia borbónica y naconal-católica? ¿Aquellas policías no tienen modales y la nuestra es un océano de cortesía y de saber hacer?

Nada de lo que exigen y hacen nuestros jóvenes y ciudadanos merece ningún reproche. Piden lo que todos vindicamos y exigimos: poder de la ciudadanía, derechos sociales, trabajos que no sea una forma encubierta de esclavitud, eliminación de la corrupción aléfica que nos rodea.

El movimiento por la democracia real ha ocupado también la plaza de Catalunya de Barcelona y otras plazas españolas. Sus vindicaciones se plasman en un papel que lleva por título: “Aquí, com a Egipte”. ¡Aquí como en Egipto! Quieren poner freno y plantar cara a toda “esta situación global que nos está matando de forma gradual”. Nos convidan a todos nosotros a resistir, a que vayamos a la Plaza de Catalunya, a que discutamos, a que pasemos a la acción. Afirman que todo está por hacer y que todo es posible, ¡y que la imaginación sea nuestro único límite! Convocan, nos convocan, a una asamblea ciudadana todos los días a las 22:30, en la Plaza de Catalunya, en nuestra plaza de la dignidad y la revuelta. ¿A qué esperamos?