Sonrisas de Bombay

sábado, 17 de marzo de 2012

Lo que no se dice sobre el Tea Party y el Occupy Movement

por V. Navarro
 
El reportaje de EEUU por parte de los medios de mayor difusión en España es deficiente y, como consecuencia, la población española está poco o mal informada de lo que ocurre en aquel país. Un ejemplo de ello son los reportajes del corresponsal de El País (el rotativo de mayor tiraje en España), Antonio Caño (ver “La interpretación neoliberal de EEUU que aparece en los medios españoles: el caso del corresponsal de El País en Washington”, El Viejo Topo, diciembre de 2011. En uno de los más recientes presentaba al Tea Party como un movimiento populista anti-establishment -tal como este movimiento se presenta a sí mismo en los medios-, sin analizar sus orígenes, su composición y las políticas que lo definen. Contrasta esta idealización del Tea Party de Antonio Caño con la descripción del movimiento de los indignados estadounidenses, el Occupy Movement, que es despectivo, refiriéndose a él como “demagógico” (ver su artículo “Bien como candidato, peor como Presidente”. 26/01/12)
Esta deficiente información, compartida por los mayores rotativos del país, explica que, incluso grandes sectores de las izquierdas tengan una visión también errónea del Tea Party y del Occupy Movement, considerándolos a los dos como movimientos anti-establishment, el primero de derechas, y el segundo de izquierdas, pero, por lo demás, con características comunes
El Tea Party no es lo que aparenta
El Tea Party no es un movimiento anti-establishment, sino un defensor acérrimo del establishment del cual es una criatura. Es un movimiento que tiene características comunes con el movimiento fascista europeo (ver “El Tea Party ¿es el fascismo posible en EEUU?”, El Plural, 25/10/10). Su base social no es la clase trabajadora, sino las clases medias de renta alta que tienen como objetivo central eliminar los impuestos y el Estado del Bienestar. Según una encuesta del The New York Times (Primavera 2010), realizada en colaboración con la cadena de televisión CBS, el 76% de gente miembros y simpatizantes del Tea Party tenían unos ingresos anuales superiores a los 50.000 dólares, muy por encima del salario medio de la clase trabajadora (32.000 dólares). En realidad, un 20% ingresaba más de 100.000 dólares. La mayoría (54%) eran republicanos (el partido de derechas de EEUU, hoy sostenedor de políticas neoliberales de ultraderecha) que apoyaban al Presidente Bush y favorecían el sistema capitalista, eliminando todo tipo de regulación por parte del Estado del mundo de los negocios, favoreciendo la eliminación de los impuestos y del Estado del Bienestar.
Otros estudios han mostrado también su carácter profundamente racista, hostil hacia los pobres, defensor de la fuerza militar, ignorante y anti-intelectual. Sus posturas ideológicas son propias de la ultraderecha. Odian a los sindicatos (definidos como corruptos por Antonio Caño) (ver su artículo en El País de fecha 07/10/11) y a los movimientos sociales progresistas. El Tea Party representa el rol de las fuerzas de choque paramilitar que intentan romper las protestas sindicales, tal como ocurrió en Wisconsin, donde el gobernador de tal Estado, perteneciente al Tea Party, hizo una llamada a los miembros de tal movimiento para que sustituyeran a la policía (que, como funcionarios públicos, se resistían a golpear a los otros funcionarios que estaban manifestándose frente a la oficina del gobernador, y de cuya lealtad dudaba éste) en su intento de disolver tales manifestaciones que protestaban por los recortes realizados por el gobierno republicano que él lideraba. Tal comportamiento es muy semejante al de los grupos fascistas en Europa en los años treinta cuando el fascismo era el frente de choque frente a los sindicatos socialistas y comunistas. Tal movimiento está iniciado y financiado por los hermanos Koch (pertenecientes a una de las grandes fortunas de EEUU que apoya los movimientos y causas de ultraderecha) y las compañías de seguro sanitario, temerosas de las propuestas de reforma del sistema sanitario del Presidente Obama que afectan negativamente a sus intereses.
Una de sus mayores movilizaciones ha sido a fin de evitar que la Administración Obama elimine las bajadas de impuestos que el Presidente Bush aprobó para las rentas muy superiores. Considerar este movimiento como anti-establishment requiere una interpretación excesivamente flexible del significado de establishment. Son, en realidad, un movimiento financiado por el capital financiero y que tiene su mayor base social entre las clases medias de renta alta, temerosas de los movimientos progresistas.
El Occupy Movement: un movimiento contestatario de amplio apoyo popular
Este movimiento aparece como consecuencia de la crisis actual que muestra el maridaje existente en el sistema político estadounidense (definido por Antonio Caño como uno de los sistemas más democráticos existentes en el mundo) (ver su artículo “EEUU es probablemente la democracia más perfecta del mundo”. 31.07.11) entre la clase capitalista –definida en EEUU como la Corporate Class, la clase de las grandes corporaciones- y la clase política. Surge en Nueva York, como un movimiento espontáneo que intenta y logra el 17 de septiembre de 2011–inspirados por el movimiento 15-M en España- ocupar Zuccotti Park por parte de aproximadamente 2.000 activistas, donde está ubicado el centro financiero de EEUU, Wall Street. En cuestión de días ocurren los siguientes hechos: una marcha en el famoso puente que une Manhattan con Brooklyn (Brooklyn bridge), que se salda con 700 detenciones, y que genera una enorme simpatía popular; y una marcha de apoyo a los indignados al día siguiente, con 15.000 sindicalistas. El Presidente de la Federación sindical, AFL-CIO, el Sr. Trumka, declara su apoyo a los indignados y a su causa. Se genera un movimiento popular que rodea  la plaza donde estaban acampados los indignados, estableciendo un cordón de protección frente a la policía, que fuerza al Ayuntamiento a tener que retirar a la policía. El 15 de octubre se realiza una gran manifestación liderada por los indignados -y apoyada por los sindicatos y la gran mayoría de los movimientos sociales progresistas- que alcanza unas dimensiones que intranquilizan al establishment de la ciudad. El movimiento se extiende a 32 ciudades en EEUU. Las encuestas muestran que un porcentaje elevadísimo (54%) de la población simpatiza con las protestas de los indignados y las posturas que sostienen, tales como la excesiva concentración de poder económico y político en EEUU, reflejado en su slogan (somos el 99%, la mayoría de la población) en contra del 1% (la Corporate Class) que controla y gobierna el país. Como en España, este movimiento fuerza un cambio en la cultura y narrativa mediática y política del país, bien reflejada en el discurso del Presidente Obama en su presentación al Congreso, que intenta captar el mensaje de protesta y hacérselo suyo (símbolo inequívoco de oportunismo político), tal como ha ocurrido también en España, en los círculos dirigentes de las que hasta ahora eran las izquierdas gobernantes.
Según una encuesta de la composición del Occupy Movement  Wall Street, casi la mitad tienen unos ingresos inferiores al salario medio de la clase trabajadora, un 13% son personas en paro (el promedio en EEUU es un 9%), y la gran mayoría (70%) no se consideran ni demócratas ni republicanos. Tienen más tendencia hacia los primeros que hacia los segundos, pero se consideran independientes. Sentencian que el sistema democrático es profundamente no democrático. Sus propuestas incluyen, entre otras, la reducción muy marcada del gasto militar, gravar mucho más de lo que el gobierno federal, estatal y municipal hacen a las rentas superiores, y muy en especial al 1% de la población cuyos ingresos anuales son superiores a la suma de todos los ingresos de más del 50% de las familias estadounidenses, así como a los directivos de las 100 empresas que facturan más en EEUU, y cuyos ingresos son 1.723 veces superiores a los de sus empleados, y un programa masivo de inversiones públicas, como ocurrió con el New Deal, orientado a crear empleo y la nacionalización o intervención pública de la banca.
La gran amenaza para el establishment es que la ciudadanía simpatiza con su causa. El 79% considera que las desigualdades son demasiado altas en EEUU, el 68% considera que los súper ricos y ricos no pagan suficientes impuestos, y el 86% cree que Wall Street tiene excesiva influencia en Washington. (“Real Populism vs Fake. Occupy Wall Street is not the Tea Party of the Left”. Paul Street, Z Magazine. Dec.2011, del cual extraigo gran cantidad de los datos presentados en este artículo). Según una encuesta del New York Times / CBS, la mayoría (54%) tiene una opinión “muy favorable” o “favorable” del movimiento de los indignados. Y el 43% indica que se identifica completamente con tal movimiento. Y su popularidad es mucho mayor que la del Tea Party, lo cual es sorprendente, pues la visibilidad mediática del Tea Party es muy superior a la del Occupy Movement que, en la medida que ha ido creciendo (junto con la simpatía popular), ha ido desapareciendo de los medios, excepto los de izquierda, que existen pero son minoritarios (como Democracy Now o Msnbc). Y ahí está la gran amenaza que tales movimientos representan para la estructura de poder existente en EEUU y en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte. Pedir democracia es el eslogan más amenazante para las elites financieras y económicas que dominan a los Estados.
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